jueves, 3 de octubre de 2013

Antón Lamazares

"Sin título" Antón Lamazares
Hay situaciones y cosas, por decirlo de alguna forma, tan delicadas y sutiles, imágenes o recuerdos, que deben tratarse con especial cariño, con cierta ternura y tanto sosiego que no sabe uno cómo manipularlas ni explicarlas. Cuando entré en la galería me encontré con unos dibujos de un trazo tan fino y expresivo que prácticamente no necesitaba volumen para expresar toda el mundo que contenían. Por un momento pensé que era algo pueril e ingenuo, incluso sentí la necesidad de buscar a posteriori, en los libros, qué sentido tenía el Art Brut para expresarlo mejor. Pero lo dejé ahí. Una amiga al ver uno de los cuadros me dijo: "Extraño. No sabría decir si me gusta o no". Otra apunto: "Wow. Me encanta".

La exposición de la galería Rafael Pérez Hernando es la historia de una amistad y de una influencia mutua, un homenaje a la amistad que hubo entre Antón Lamazares y Alfonso Fraile, aunque el protagonista ahora es Lamazares. Pero vamos al principio; y el principio es una historia que cuenta Lamazares cuenta en el catálogo. De pequeño, dice, pasaba largos ratos con un señor mayor, el señor Evaristo, "un republicano 'cristiano muy practicante' que estuvo muchos años en Cuba, dado a contar largas historias de mulatos, de barcos y de tierras lejanas. Este entrañable personaje tenía la curiosa costumbre de firmar con su nombre todo lo que le venía en gana: ponía 'EVARISTO' en los árboles, en las paredes, incluso en la vaca o en el perro del vecino..." (Alfonso Fraile, in memoriam).

Art Brut, es un concepto del artista francés Jean Dubuffet, que lo define como el arte concebido al margen de las corrientes artísticas y lo sitúa en creaciones de pacientes o de artistas residentes o recluidos en centros psiquiátricos. "El arte es un juego. El juego mayor del hombre. Un niño contempla un instante una bola de trapo, se le ocurre una idea; ese objeto es un Piel Roja". El catálogo recoge esta cita de Dubuffet. A mí me recordaba, sin embargo, una frase de Picasso que decía haber tardado toda una vida para aprender a dibujar como un niño, que también se recoge en el catálogo, y me traía a la memoria un paseo por el monte de Bernardos durante la primavera con mi amigo Vicente.

"Sin título" Antón Lamazares
Domingo García es un pueblecito de Segovia. Allí, en medio del monte, en un roquedal de pizarras hay una colección inimaginable de petroglifos. Estos petroglifos son un grupo de personajes, guerreros, jinetes, lanzas, flechas, grabados en la roca con trazos esquemáticos, con la  ingenuidad propia de un demente, si atendemos al contexto. Vicente habla mucho con su perro. El animal, recién operado de la cadera casi no podía caminar, "entra con cuidado en el coche", le decía, "anda, ven que te coja". Frente a los grabados, los restos de un convento dominan la inmensa llanura que llega hasta el Sistema Central: Somosierra, Guadarrama y la Mujer Muerta. "Por aquí cariño" le decía Vicente al perro "no te metas por ahí donde los frailes, que te vas a caer". Alguien, hacía 13.000 años, había narrado o, mejor dicho, había grabado allí una batalla y se hacía difícil imaginar dónde ocurrió, y si es que fue una batalla, quizás a los pies del convento abandonado donde las tumbas vacías excavadas en la roca estaban llenas de agua; quizás en la llanura cuarteada de sembrados; quizás en el mismo monte, quién sabe. Todo esto me venía a la cabeza mientras miraba los dibujos de Lamazares, y recordaba a Vicente silbando, imitando a los pájaros y hablando con su perro "eso es un avión que va para América, pasará por el Polo Norte"; e iba recordando las figuras esquemáticas de los jinetes y guerreros en la batalla, solo que ahora me trasladaba a una caja de muñecas, o al sobre de una carta, o a los restos de una caja de zapatos, o a las hojas arrancadas de un cuaderno de apuntes, y me parecía oír al señor mayor contando historias de mulatos y escribiendo sobre el perro de su vecino: Evaristo.
"El solitario" Alfonso Fraile

"Prepara el cartón con una aguada de color; unas veces usa lápices, otras rótring y tinta china, otras contornea las manchas de café y las integra en el dibujo, agujerea el cartón, los personajes se alargan, te miran con grandes ojos, tullidos, insolentes, ajenos..."; es un desfile de figuras que posan mientras caminan sobre un fondo rosa, amarillo o verde. Comentamos los cuadros y me aplico a mi mismo la recomendación del catálogo: "Pero miremos, rumiemos y gravitemos de una vez por todas dentro de estos dibujos volátiles, efímeros y por eso mismo atractivos a nuestros ojos inexpertos."

"Allí, allí está el zorro" le dijo Vicente a su perro señalando un punto en el monte. Es lo que tienen las cosas de salir al campo, como hacía a Lamazares en su infancia, para contemplar la naturaleza y luego contarlas durante "las largas noches de invierno" al calor de la lumbre, o dibujarlas, sobre cartones y pizarras.

Alfonso Fraile - Antón Lamazares, en la galería Rafael Pérez Hernando, calle Orellana, 18 de Madrid.
En la web de la galería: http://www.rphart.net/exposicion/alfonso-fraile-ant-n-lamazares-2013#1770

Para saber más de los petroglifos en http://asociacionmaritere.jimdo.com/rutas-y-visitas/visita-al-cerro-de-san-isidro/ y podéis ver uno de los abrigos en: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=385224294938841&set=a.196098647184741.40701.100003538219175&type=3&theater

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