jueves, 19 de septiembre de 2013

Fernando Puche: El bosque multiplicado

Ya antes de que se inaugurara la exposición de Fernando Puche en la galería ESPACIOFOTO, viendo un avance de las obras que iba a exponer, me preguntaba en qué consistía la obra que presentaba, porque no llegaba a entender ni el contenido ni la técnica, y me guarde muy mucho de ir antes de la inauguración para averiguarlo, por esas supersticiones que tenemos los que no somos supersticiosos, que aquello era técnica personal y no me desvelaría ningún secreto. Paciencia y a esperar el día de la inauguración.


Si algo le queda a uno claro en la obra de Fernando Puche es la técnica, una técnica, un control y una precisión de cirujano detrás de la cámara. Viendo las geometrías de El bosque multiplicado seguía manteniendo las mismas incógnitas que antes de ver in situ las fotografías. "No utiliza ningún programa de retoque" me aclara Diego, "utiliza una técnica de multiexposición, lo que ves ahí es lo que hay en el negativo".

Junto a la entrada hay una fotografía de nieve entre la que sobresalen unas briznas de hierba. Es una de esas obras que captan la atención del espectador durante el tiempo suficiente como para introducirte literalmente en la obra y pasear dentro de ella, como Alicia detrás del espejo. Mientras la vas desmenuzando, descubres los pequeños detalles que conforman ese todo de armonía que es la obra. Justo debajo hay otra fotografía, hierba helada, trazos muy finos. La estaba mirando cuando sonó un clarinete desde el fondo de la sala. La música atenuó el murmullo del público y nada más terapéutico y relajante para transportar al espectador al interior de la obra. La imagen transmitía sosiego y paz, la armonía necesaria que permite al espíritu fluir en perfecto equilibrio. Nunca antes había observado la naturaleza desde esta perspectiva y era realmente envolvente.

Decididamente necesitaba saber cómo conseguía aquella armonía y me presenté al autor, "un fotógrafo amateur" se define él, aunque es un autor reconocido. Tenía referencias muy recientes de su minuciosidad, que su trabajo es fruto de la sistemática propia de un herborizador: salidas al campo, anotaciones en el cuaderno de bitácora, hora, luz, apertura, enfoque, velocidad... nada se deja al azar. Me explica cómo hace una fotografía y no hay más truco que técnica y precisión, nada oculto que desvelar: "seleccionas el objeto y disparas, luego giras la placa y vuelves a disparar". Son cuatro, nueve, doce exposiciones para conseguir el círculo perfecto formado por las copas de la chopera o sobre la nieve, como la hipnosis de un caleidoscopio o el rosetón de una catedral que transforma la luz más allá de la física. Recuerdo, por qué no decirlo, a Monet y la catedral de Ruan, el estudio del cambio de luz, la simetría machacona a través del pincel cargado de suavidad, firme y obsesivo, trasladado a la fotografía. Ese era el misterio.

Si de algo sirve ir a las inauguraciones es para ver al autor que difícilmente vuelves a encontrarte en otra ocasión, y aunque he vuelto de nuevo a la galería, para ver con la tranquilidad y la serenidad que te da una buena música de fondo, como digo, haber conocido a Fernando Puche, sus explicaciones sencillas y su familiaridad, es toda una experiencia que refuerza de alguna forma su obra.


El bosque multiplicado, de Fernando Puche, en ESPACIOFOTO, en la calle Viriato, 53, hasta el 18 de octubre.
https://www.facebook.com/espaciofoto?fref=ts


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