martes, 17 de septiembre de 2013

El castillo de Peñafiel

Algunos años, al término de la época de la vendimia, un grupo de amigos vamos a Pañafiel para pasar el día, comer y comprar vino en una cooperativa de la que es partícipe el familiar de un amigo. Siempre entramos a Pañefiel por la carretera de Aranda de Duero dirección Valladolid. Nada más enfrentar la recta que conduce al pueblo descubres sobre un cerro recortado contra el cielo, el impresionante castillo de piedra blanca. A la derecha quedan el polígono y la bodega; a la izquierda, la más famosa de sus bodegas, Protos, avanzando hacia el castillo, donde se abren los campos, los viñedos y las exhaustas cepas de las que aún pende algún pámpano de uvas abandonado.


El castillo de Peñafiel es como el dibujo de un cuento de hadas. Siempre sugiere la imagen de un hermoso barco en medio de la estepa castellana, pero más allá de sus evocaciones fantásticas, es un edificio cargado de historia por el que pasaron grandes personajes, algunos de leyenda. Pero vayamos por partes y comencemos recordando un poco su historia. La fortaleza era parte de una línea defensiva formada por varias fortificaciones a lo largo de la frontera cristiano-musulmana. Tenía la misión de defender los valles que se forman entre los ríos Duratón y Botijas en su confluencia con el Duero. Su construcción ocupa la totalidad del cerro sobre el que se asienta y tiene unas dimensiones totalmente desproporcionadas: 210 metros de largo por 35 de ancho, sobre las que destaca una impresionante torre del homenaje de 34 metros de altura. Es una construcción arquitectónica de la denominada Escuela de Valladolid.

El castillo ya existía en el año 983, cuando el caudillo musulmán Almanzor, en una de sus incursión por tierras castellanas, se apoderó de él. Estuvo en manos de los musulmanes hasta que en 1013 el conde Sancho García consiguió recuperar la fortaleza junto a las conquistadas por Almanzor como pago por su ayuda a la entronización de Suleimán en el califato de Córdoba. El conde lo mandó rehacer y a él se debe la expresión: "La peña más fiel de Castilla" al referirse al castillo.

Aunque la muerte de Almanzor en 1002 fue un bálsamo para los reinos cristianos, a los que había saqueado y destruido durante 30 interminables años, la tranquilidad duró poco por las disputas entre las distinta facciones cristianas y las alianzas con los pretendientes califales, por lo que el castillo fue objeto de acosos y sitios de musulmanes y cristianos.

En 1085, encontramos en él a Alvar Fáñez de Minaya, sobrino y lugarteniente del Cid Campeador, defendiendo la fortaleza frente a musulmanes y enemigos de Alfonso VI de Castilla, y aunque no hay mucha mención a este personaje siempre habrá que recordar el "Meçió mio Cid los ombros e engrameó la tiesta: "albriçia, Álvar Fáñez, ca echados somos de tierra", que se cita en Mio Cid al inicio del destierro del Campeador, menciones que abundan en la obra.

Tumba de Don Juan Manuel
A finales del siglo XIII, en 1283 el rey de Castilla, Sancho IV, lo dona a su tío el Infante Don Manuel por el nacimiento del hijo de éste, Don Juan Manuel, que fue autor de El Conde Lucanor.  Don Manuel muere un año después; el rey se hace cargo del pequeño a quien donará la villa y aportará el dinero suficiente para la reconstrucción del castillo: "navío etéreo e inmenso surcando un mar de trigales" escribe Don Juan Manuel. En el que fuera alcázar de Alfonso X en la villa, Don Juan Manuel, que era nieto del rey sabio, mandará construir la iglesia de San Pablo, donde será enterrado.

Tras la guerra que enfrentaron a Pedro I y a su hermanastro Enrique de Trastamara, futuro Enrique II, el castillo pasaría a tener funciones de cárcel y se recluirá en él a los hijos bastardos del asesinado Pedro I a manos de su hermanastro en 1369 tras la batalla de Montiel. Ya en 1390 Juan I de Castilla dona la fortaleza a Fernando de Antequera, padre de los Infantes de Aragón. Los Infantes, con el apoyo de parte de la nobleza castellana y del rey de Aragón, hermano de éstos, se alzan en armas contra el rey Juan II, intentando hacerse con el poder, lo que provocó la guerra castellano-aragonesa entre 1429 a 1430. Tras cercar y tomar la fortaleza, el rey Juan II mandó derruirla inmediatamente.
Torre del homenaje

Su hijo y sucesor, Enrique IV, donó la villa a Pedro Girón, maestre de la orden de Calatrava en 1454, aunque le niega la posibilidad de reconstruir el castillo. Dos años después, en 1456, cambia de parecer y autoriza su reconstrucción,  dándole el aspecto elegante y majestuoso que tiene en la actualidad. El castillo, que debió terminarse en 1466, justo el año de la muerte de Girón, es una de las fortalezas sobre la que menos se ha intervenido desde su construcción, conservando su estructura e interior del edificio original. El escudo que hoy pueden verse en la torre del homenaje, es de este personaje. En 1476 los Reyes Católicos confirman la cesión de la fortaleza al hijo de Girón, Juan Téllez de Girón.

Tras un salto en el tiempo, en 1810 y durante la Guerra de la Independencia contra los franceses, el castillo volvió a tener funciones militares y participo en una refriega que hubo en la villa. En 1838 desde la Capitanía General de Castilla la Vieja se ordenaron reformas en el edificio. En tiempos actuales sufre una profunda reforma arquitectónica y el castillo se destina para albergar el Museo del Vino.

Además de imaginar a todos estos personajes, un paseo por el castillo es muy interesante, tanto para observar la construcción y sus dependencias, como las hermosísimas vistas que hay desde el adarve y la torre del homenaje, con la villa a sus pies, una alfombra cuarteada de campos otoñales y, hacia norte, se puede ver lejano el castillo de Curiel sobre una peña al otro lado del río Duero.

Para terminar, la villa tiene además de la iglesia gótico-mudéjar de San Pedro, con el mausoleo de Don Juan Manuel, la plaza mayor, llamada El Coso, de una belleza extraordinaria. Es un espacio entrañable que se habilita para celebrar corridas de toros. En ella hay una placa que no ha dejado de impresionarme nunca, en recuerdo a uno de esos personajes anónimos del lugar: Santiago Fernández, de 21 años, cogido y muerto por un toro en agosto de 1896.

El castillo visto de la plaza de El Coso
Y desde este punto, los amigos partimos hacia Sacramenia, otro lugar que el conde Sancho García canjeara al califa Suleimán, donde nos espera un asado de cordero; pero ésta, es otra historia.

Para preparar mis viajes a Peñafiel y documentarme sobre el castillo y su historia, leí y consulté, además porque me encanta, los siguientes libros:

Castilla y León. Castillos y Fortalezas, Fernando Cobos Guerra y José Javier de Castro Fernández. Ed. Edilesa
Conocer España por sus Castillos, Dolores Grassós. Ed. Mondadori.
Los castillos y fortalezas de Castilla y León, Carlos M. Martín Jiménez. Ed. Ámbito
Castillos de Castilla y León, José Manuel Gutiérrez, Ed. La Posada
Las muertes del Rey Don Pedro, Canciller Pérez de Ayala, Alinza Editorial.
Sancho III el Mayor, Gonzalo Martínez Díez, Ed. Marcial Pons
Reyes de León y Castilla. Fernando I, Antonio Viñayo González, Ed. La Olmeda
Historia de España musulmana, Anwar G. Chejne, Ed. Cátedra

2 comentarios:

  1. Como siempre, bien documentado

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    1. Gracias, pues sí, son muchas horas de lectura y estudio, al menos queda un buen trabajo aunque siempre se pueda mejorar.

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