miércoles, 4 de septiembre de 2013

Aguirre & Gross

La galería ya había cerrado. A través de los cristales pude ver los restos de la inauguración: unas fotografías de Ouka Leele y unas botellas de vino vacías. Otra mañana volví a bajar la calle Fernando El Santo para ver otra exposición, esta vez de Ceesepe y también estaba cerrada. Antes de vacaciones pasé frente a la galería y había expuestos unos zapatos junto a una estatuilla, unos dibujos y la fotografía de un artesano, todo en perfecta armonía y era tan golosa la intención de saber qué era aquello que me decidí a entrar. Me abrió un hombre joven, con el porte de esas personas que desprenden seguridad. Me pidió esperar unos minutos para explicarme en qué consistía.

Bajó por una escalera hacia lo que debía ser el almacén. Sobre la pared que cerraba la escalera había un cuadro de jinetes y caballos de carreras que me recordó a uno de Degas que había visto recientemente en el Museo Thyssen; en un rincón una silla de montar marrón sobre otra silla de campo; en otro rincón, a su derecha, una bota de jinete, marrón, alta, muy elegante con una horma en su interior, fue lo que más me llamó la atención. Pude ver, reflejado en los cristales del escaparate un logotipo.


- Es nuestra marca, Aguirre & Gross -me dijo nada más subir del sótano, me pidió que esperase de nuevo para subir una muestra de los zapatos que fabricaba- artesanales, hechos a mano. Yo me llamo Óscar - dijo presentándose y dándome la mano.

Todo en la pequeña sala tenía sabor a elegancia. Me entretuve un instante en el cuadro de los caballos de carreras; recordaba ese paso inquieto del tiempo a la espera de la señal salida, no sé porqué me vino el recuerdo a los paseos nostlagicos de Proust  por Combray , el refinado porte del caballero Swann o el mundo de Guermantes, y eché en falta, quizá, una de las telas diseñadas de Fortuny que tanto admiraba don Marcel, pero me conformaba con lo que tenía ante mi, una tórrida tarde de verano no podía ofrecerme una evocación más tranquila.

- Los negocios y los tiempos cambian e intentamos relanzar la marca en Madrid. -Me dijo sosteniendo una pieza en la mano. Sobre un taburete había cuatro cajas abiertas con zapatos marrones y negros perfectamente ordenados y anudados y a su lado una caja de madera con betunes, cepillos y gamuzas para limpiar zapatos. Sobre un par de mocasines expuestos había un grabado de Gordillo, y al lado de éste un paisaje con tintes expresionistas: un cielo rojizo y un sol blanco sobre una ciudad en la que se adivinan murallas, firmado por Aguirre.

-¿Es tuyo? -Me contestó que no, que es de un familiar y, como si de un juego se tratara, me preguntó cuál era mi pintor favorito. Me vino a la mente, no el cuadro de Degas y los jinetes que había recordado hacía unos instantes, y quizá debí haberle dicho que Joaquín Sorolla, pero no sé porqué me vino a la mente Roger van der Wayden,- El Descendimiento del El Prado es impresionante, imagino que lo conoces.

Estuvo colocando sobre unas piezas de madera colgadas en la pared zapatos sueltos con el mimo y el cuidado que se tiene al colocar un cuadro. Hablamos de finanzas y de arte. La charla fue amena y distendida. Fotografié los zapatos y los rincones de la sala hasta que sonó el teléfono que estaba sobre una mesa en la entrada. Nos despedimos.

Al salir noté como una oleada de calor intenso subía calle arriba, y al alejándome recordé la sensación que había tenido al entrar en la galería, la evocación del tiempo a través de los zapatos y el arte que envolvía el ambiente. No pude recitarlo pero pensé en un texto de Proust, que decía al final de En busca del tiempo perdido: "el recordar una determinada imagen no es sino echar de menos un instante..."









Aguirre & Gross en C/ Fernando El Santo, 24

2 comentarios:

  1. Te atreves con todo y se nota mucho que has leído y muy variado

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    1. Gracias por seguirme y por tu comentario, sólo es cuestión de expresar lo que se siente e intentar recordar las sensaciones de un buen momento.

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