miércoles, 28 de agosto de 2013

La Cueva del Águila


El día había sido caluroso, al coger el coche en Candeleda estábamos a 40º a las 4 de la tarde. Tomamos dirección a Arenas de San Pedro. Antes de llegar al cruce de Ramacastañas vimos el cartel del desvío que lleva a la Cueva del Águila. Es un desvío tortuoso, la carretera se estrecha y hace casi imposible el paso de dos coches. Al salir de una de las curvas nos encontramos un rebaño de cabras que ocupaba toda la calzada. El cabrero caminaba despacio, como si no nos hubiese visto; el perro ladraba nervioso e intentaba reunir a los animales que se rezagaban en la cuneta. El cabrero, de espaldas, levantó una mano  indicando hacia la derecha, hacia un prado donde comenzó a entrar el rebaño al cabo de unos minutos. Unos metros más adelante, tras otra curva había una casa de labranza con corrales y dependencias para el grano y las bestias, estaba abandonada desde hace años, los tejados hundidos y las zarzas dueñas de las paredes de piedra que habían perdido el enfoscado de barro hacía tiempo.

El día de Nochebuena de 1963, 5 muchachos ponían trampas en esta finca, el Cerro de Romperropas, en una pequeña cordillera llamada del Águila a los pies de Gredos. Uno de ellos encontró un agujero entre las hierbas; pensaron que quizá era una madriguera. Ensancharon el agujero con las manos y fueron entrando reptando unos 50 metros hasta penetrar en la gruta. Allí estuvieron 6 horas perdidos y desorientados, sin ser capaces de encontrar de nuevo la salida. El guía no cuenta si llevaban luz, sólo que cuando consiguieron salir dieron aviso y un grupo de espeleólogos hizo oficial el descubrimiento. Acababan de romper un sello que la naturaleza había guardado durante 14 millones de años. El 18 de julio del siguiente año, imagino que con los fastos del régimen franquista, se inaugura al público. Sin embargo hay casos en los que las fechas se diluyen en el tiempo como una gota de agua en el océano.

El guía avisa que nadie debe abandonar las rutas marcadas, ni hacer fotografías con flash y no tocar las formaciones. Son 10.000 metros cuadrados de gruta a 20º de temperatura, a unos 45 metros bajo el suelo. El espectáculo es formidable, como lo es cuando la naturaleza se muestra espontánea y salvaje. Las filtraciones de agua y torrentes subterráneos socavaron el subsuelo y formaron la gran cavidad. Al cesar estos movimientos comienzan las filtraciones de agua de lluvia que gota a gota, durante esos 14 millones de años, han ido creando estalactitas, estalagmitas, coladas, ... "para crear un centímetro de estalactita es preciso el goteo constante de 150 años" dice el guía. Los visitantes comienzan a desperdigarse siguiendo las rutas marcadas.

Uno cabe preguntarse cómo era aquella gruta unos años antes, en el silencio de la oscuridad quizá sólo roto por el insignificante salpicar de una gota de agua. Sobre el techo hay una formación curiosa. Una estalactita de un metro de diámetro se ha partido, ahora hay varias más finas, de poco más de medio metro. Puede que la más grande, que reposa en el suelo y ya es base de estalagmitas, cayera hace mil años y es difícil imaginar el estruendo que provocó. Me recordó un párrafo del Virginia Woolf en su Al Faro cuando describe la soledad de una casa: "los aires eran la vanguardia de ejércitos poderosos", sólo el aire, porque aquí en la cueva no hay luz, ni formaciones que hombre haya tallado, ni dioses, ni ídolos, sólo el trabajo lento y constante del agua.

Al fondo pude oír el sin número de figuras que se pueden imaginar: una virgen, una mano, el pliegue de una manta de color ocre, como miel trasparente,.. alguien cruza por donde no debe y el fogonazo prohibido de un flash hace gritar al guía recriminando al fotógrafo. Al cabo de poco más de media hora para hacer todo el recorrido, salimos cansados y satisfechos, temerosos del calor que hacía afuera.

2 comentarios:

  1. Esas cuevas son preciosas, las vida con mis hijos cuando estos eran pequeños y alucinaron en colores como dijeron al salir, la verdad es que son una maravilla tengo que ir otra vez a verlas

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  2. Gracias por tu comentario Mercedes, lo cierto es que son una pequeña maravilla y bien vale la pena verlas, aunque estén un poco lejos de todas partes

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