miércoles, 10 de julio de 2013

Venecia


Cuando era niño si alguien hablaba de Venecia me venía a la mente la imagen de una pareja caminando, hombro con hombro, sobre uno de los puentes que cruzan la ciudad, y el adagio de Marcelo en Anónimo Veneciano. Otras veces era Vivaldi, los bailes de máscaras en la plaza de San Marcos, los canales y las góndolas silenciosas; otras veces son las obras de Canaletto y un Gran Canal minuciosamente detallado de increíbles perspectivas; o Visconti en la recreación de Muerte en Venecia de Thomas Mann y el angustiado rostro de Malher encarnado por Dick Bogarde. Ahora son las aventuras del comisario Guido Brunetti las que me trasportan a Venecia. Pero hay una imagen que sobresale entre todas, la imagen del viejo Polo caminando por San Marcos hasta el puerto, recién salido de prisión. Polo se para al borde del muelle, la cámara toma un primer plano de su rostro y luego se aleja, adentrándose en el mar, para rememorar su periplo por la China del Gran Khan.



Es lo que espero ver cuando mencionan Venecia y con todos estos recuerdos me dispuse a ver la exposición de fotografía del esloveno Primoz Bizjak, Difesa di Venezia, y del italiano Renato D'AgostinThe Beautiful Cliché, en el Instituto Italiano de Cultura de Madrid, una muestra conjunta en dos salas diferentes.

En una sala la obra de Bizjak muestra las fortificaciones militares de Venecia, construidas en los últimos 500 años de su historia y ya en desuso. Es una serie de edificios abandonos, los restos de las fortalezas que custodiaron a una Venecia rica, la República que dominaba el Mediterráneo de poderosa flota, dueña de las rutas comerciales y culturales con oriente. Las imágenes consiguen capturar el devenir del territorio, asumiendo a la vez el valor de documentación y de poesía. Representa el estado de los edificios tal como son, en la luz diurna, y captura su dimensión inquietante y sublime, cuando los edificios son retratados en una luz residual de una toma nocturna. Las obras son fotografías de gran formato, de larga exposición donde predomina el conjunto, la construcción, el edificio, el mar y la fuerza de la luz, en un entorno abundante de pequeños matices.


En la otra sala las fotografías de D'Agostin. Son obras de pequeño formato, de un extraordinario dominio del blanco y negro, más intimista que Bizjak, que busca el vigor de la imagen y la luz, la mirada de D'Agostin es más sutil, más etérea y frágil la imagen, delicada: Veo mis fotos como imágenes del espacio, de la soledad, de la arquitectura, de la introspección, del silencio, dice el propio autor. Es la Venecia íntima, que evoca la seducción del arte y del equilibrio en las formas. Es la Venecia incómoda. En invierno hay acqua alta y las calles se inundan. Hay que atravesar callejones, subiendo y bajando puentes, la mayoría de las casas no tiene ascensor. Y luego están los turistas, que son como amebas y están por todas partes... a pesar de todo, es imposible no amar Venecia , confiesa Donna Leon.


La Venecia que deslumbrara a tantos viajeros, que evoca las frases de Proust para rescatar junto al lector el tiempo perdido en la Venecia invisible y oriental; el desamor al compás de Marcelo o el estampado de seda diseñado de Fortuny.

Dos miradas sobre Venecia, puede verse en el Instituto Italiano de Cultura, en la calle Mayor, 86 de Madrid hasta el 26 de julio de 2013.

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