viernes, 5 de julio de 2013

Golucho

Un calor sofocante caía sobre la calle Serrano. Las 17:25. La acera sólo tenía la sombra imperceptible de unos árboles demasiado flacos para ofrecer cobijo. Al llegar a la primera bocacalle que cruza a la izquierda, sentí el alivio para la vista de un reguero de agua limpia que corría sobre el paso de peatones. Muy al fondo de la calle, se veía a un conserje pelear con una manguera imposible que se retorcía sobre las baldosas mojadas y cabeceaba lanzando agua como un aspersor loco. Aún quedaban, al menos 50 metros para llegar al 138 de la calle. Cruzó la calle un coche negro desde la derecha, en la fachada del edificio bajo de al lado, una bandera de Irlanda se movió con la pereza propia de la siesta.

Al llegar toqué al timbre y esperé que me contestarán o se abriese la puerta azul cobalto. No contestaron. Dos, tres veces más volví a llamar. No hay nadie. Cuando ya me marchaba se abrió la puerta. Perdón -me dijo-, está el timbre desconectado. Un chico joven de barba cuidada y expresión agradable me invitó a pasar. Hasta las 8 no se inaugura la exposición, pero entre y descanse un poco -me dijo al ver mi gesto de cansancio. Recorrí las dos salas con los cuadros aún sin acabar de montar. Eran cuadros grandes y había poca iluminación. Dibujos a lápiz y óleos sobre tabla de un realismo impactante.

A las 8 de la tarde un grupo de personas esperaba charlando en el jardincillo que daba paso a la exposición, frente a la puerta azul. Comenzaron a llegar los primeros invitados. Las luces realzan las pinturas y les daban un aire más vivo que cuando las vi en la penumbra un par de horas antes. Entonces te das cuenta de que el óleo tiene un efecto diferente sobre una tabla que sobre un lienzo; sin embargo, los reflejos de las luces en los cristales dificultan la observación de los dibujos: Ximé, Tercer intento, Adela y Mariantonia se prestaban al juego de luces y los espectadores cambiaban de lugar para ver las distintas zonas del cuadro que los focos parecían borrar. Puede usted verlos en internet, me dice un señor mayor al verme hacer fotografías- busque Golucho y ahí le saldrá todo sobre él.

Al otro lado, en otra sala está la mayoría de las pinturas: El pasillo, Mujer, La habitación verde,... El artista ha dibujado y ha pintado lo que ve, no se ha preocupado de enmascarar el gesto ni suavizar las posturas, muestra los personajes como son en realidad, Ximé agotado, ido, Mujer parece estar esperando a posar; En el pasillo 2 la mirada perdida, El tercer intento, el cansancio y la vejez, como Mariantonia o el retrato de Adela desnuda de espaldas, sin fondo ni referencia. El artista no viene, no va a venir, está en Nueva York, me dice el señor mayor, un familiar, me cuenta. Al lado está su mujer: Éste me gusta mucho, -me dice ella señalando La habitación verde - esa almohada está muy bien rematada, es muy bonita.


Al fondo, casi desterrado, el dibujo de Al tercer intento. Dos ancianos dibujados a lápiz. ¿Qué significa? -pregunta una mujer a su acompañante- No sé, no sé. -le contesta. Entonces gira la cara como intentando buscar un ángulo diferente y adivinar la acción-. Los personajes parecen que tienen vida -responde al cabo de un rato- el gesto, la tensión de los músculos, la flacidez de la piel. -Bebió de la copa un sorbo de vino blanco, giró sobre sí y llamó la atención de su compañera sobre otro cuadro. Vi salir a la pareja familiares del pintor. Los seguí, y ya en la calle tomaron un taxi. Una suave brisa parecía refrescar un poco el ambiente. Un grupo de personas muy elegantes entraron en la sala. Aún antes de marcharme me detuve un instante para ver de lejos el dibujo desnudo de Adela a través de la puerta abierta que daba al jardincillo.


La exposición Golucho, en la Fundación Pons, en calle Serrano, 138 hasta el 31 de julio de 2013.
http://www.fundacionpons.com/es/cultura/exposiciones/7182-exposicion-de-golucho



No hay comentarios:

Publicar un comentario