viernes, 26 de julio de 2013

Exposición de Verano: Galería Fernando Pradilla


Entre ayer y hoy acaban la mayoría de las exposciones que se han hecho entorno al PHE13, algunas las he traído a este blog, y parece como si se acabaran las exposiciones de golpe, como si las galerías se despidieran hasta septiembre. Siempre nos quedarán los museos, y bienvenidos sean, hay una temporal excelente en el Museo Sorolla de Madrid: "Sorolla. El color del mar", que estará abierta hasta el 24 de octubre. Pero lo que es arriesgado es permanecer abierto con el implacable sol de agosto en Madrid, y la sala Fernando Pradilla, en la calle Claudio Coello, lo hará, aunque su cercanía al parque del Retiro no le ayude mucho a mitigar estos calores.

Desde la magnífica exposición de Juan Francisco Casas no había vuelto a pasar por esta sala y desviarse, aunque sólo sea unos minutos del itinerario que ya traímos trazado, vale la pena, y de paso llevarse algo, aunque sea de poco valor, también, porque el esfuerzo de permanecer abiertos merece recompensarlo de alguna manera, a parte de las obras tienen unos catálogos excepcionales.

Para esta "Exposición de Verano" la galería "convoca a sus artistas a reflexionar sobre la estacón estival" cuenta la brevísima reseña de ABC, y allí se han reunido obras de Marcos López, Juan Francisco Casas y Aurora Cañero, de arriba a abajo las obras que ilustran esta entrada; además de César Delgado, Starsky Brines, Carlos Salazar Arenas, Moisés Mahiques, Emilio Gañán y Jorge Cabieses.


Exposición de Verano, en Galeria Fernando Pradilla, calle Claudio Coello, 20. hasta el 7 de septiembre de 2013.
Podési entrar en la web de la exposición: http://galeriafernandopradilla.com/galeria/exposiciones/actual/galeria-exposicion-de-verano-julio-17-a-septiembre-7-de-2013

jueves, 25 de julio de 2013

Like a Rolling Stone

Estábamos grabando un programa en el estudio que tiene mi amigo Jorge en su casa en Holanda. Una conversación, un trago de cerveza y una canción. Jorge tenía los discos al lado y mientras hablábamos cogía uno y lo colocaba en la mesa de mezclas. Sonó The Ballad of Lucy Jordan. Cuando terminamos la sesión le pregunté que quién cantaba aquella canción que hablaba de una mujer que soñaba con París y romper la monotonía de su vida. Apuramos la cerveza en el salón. Es Marianne Faithfull -me contestó mientras fumaba distraido esos cigarros típicos holandeses- Una chica muy guapa, fue novia de Mike Jagger. Era cantante y cuando se separaron ella desapareció, adicta a las drogas, totalmente perdida, caída en los portales del los suburbios de Londres. Tenía una voz preciosa. Abrió un par de cervezas y alargándome una botella añadió: Es la chica de A Like a Rolling Stone: una chica rica, famosa que lo tiene todo y se ve abandonada, pidiendo limosna.



Hay muchas candidatas a ser la Señorita solitaria de la canción de Bob Dylan: ¿Cómo se siente? Hace tiempo, vestías tan bien / tirabas centavos a los pobres en tu mejor época ¿no? Ahora ya no hablas tan alto / Ahora ya no pareces tan orgullosa / de tener que estar mendigando tu próxima comida.

La primera vez que oí Like a Rolling Stone fue la versión que hizo Jimy Hendrix, no la original de Dylan. La canción es un referente, para los especialistas hay un antes y un después de ella en la música moderna, hasta por su duración, que al parecer complicó mucho la vida a la casa de discos; y aunque hay explicaciones del mismo Dylan de cómo se gestó y cómo se grabó, como una venganza hacia esa Señorita solitaria, sin nombre, que debió conocer en una gira por Inglaterra en 1965, siempre habrá elucubraciones sobre quién es ella, a quién machaconamente le pregunta How does it feel?

Sea o no Marianne Faithfull a quien dedicó Dylan la canción, para mi siempre será ella la Señorita solitaria, y cada vez que oigo su voz desgarrada, vienen a mi mente imágenes en las que desfilan su juventud, la caída solomnolienta y rendida en los escalones de portal sucio, en los bajos fondos de cualquier ciudad, y la voz truncada, amarga y orgullosa de haber vuelto a la vida para permitirse soñar de nuevo:  At the age of thirty-seven / She realised she'd never ride / Through Paris in a sportscar (Con 37 años / se dio cuenta que nunca / atravesaría París en un coche deportivo)



Marianne Faithfull -The Ballad of Lucy Jordan

Para terminar, recuerdo que The Ballad of Lucy Jordan suena en la película Therlma & Louise, muy recurrente para el guión, y que una petrolera la utilizó para anunciar sus gasolineras. Pero siempre nos quedará, por un lado París, para seguir soñando como Lucy con un mundo idílico que rompa nuestra monotona existencia;  y por otro el sentimiento amargo del temor a la caída: How does it feel? To be on your own / whit no direction home / like a complete unknown / like a rolling stone. (¿Cómo se siente? / Estar sola / Sin rumbo de vuelta a casa / Como una completa desconocida / Como un vagabundo)



viernes, 19 de julio de 2013

El Marrano de la Virgen


Saliendo del pueblo, sobre un cerro, hay un verraco que mira hacia Ávila, a su derecha queda el río Adaja y no muy lejos, dirección sur, sobre un montículo en la otra orilla del río, el castro vettón de Las Cogotas. Al lado del verraco hay una pequeña ermita desde donde se domina la Moraña, una inmensa planicie que arranca desde el mismo Mingorría y abarca prácticamente desde el oeste al este por el norte. Es una llanura dominada por plantaciones de cereal, salpicada de manchas de pinares dispersos. En primavera tiene un color verde intenso; en verano un amarillo pajizo  y en otoño e invierno es un contraste de tierras pardas y ocres salpicadas de mancha verdes de los pinares. De este a oeste por el sur, es una sucesión ondulada de montes de la Sierra de Ávila de un hermoso e intenso color verde del encinar. Desde este punto, a unos 1.100 metros sobre el nivel del mar, el cielo parece estar al alcance de la mano. Pero antes de ver al verraco veamos quiénes eran los vettones.

Los vettones son grupos autóctonos que habitaban en esta parte de la Meseta, en el Sistema Central, que abarca desde Ávila hasta Tras-Os-Montes en Portugal. Eran pequeños grupos nómadas que vivían en asientos temporales. Llegado un momento abandonan el nomadismo y se asientan en poblados con recintos amurallados para la defensa, son los conocidos castros. Esto ocurre con la llegada del hierro. De la cultura vettona son características las esculturas zoomorfas llamadas verracos, esculturas que representan toros y cerdos. Son de granito y tienen  diferentes tamaños que van desde el medio metro de altura hasta los dos metros. El grupo de esculturas más conocido son los Toros de Guisando, en El Tiemblo, Ávila. Con la romanización de la Meseta los antiguos poblados desaparecen y sus pobladores son trasladados a otras zonas de mayor control. A pesar de que los castros son destruidos y abandonados muchas de las esculturas siguen en pie hasta nuestros días.

El vettón era un pueblo celta, y entendemos como celta no unas características raciales sino culturales: religión, forma de gobierno, útiles, idioma, etc. Son principalmente ganaderos y en menor medida agricultores. Muchos de estos verracos han dado nombre a algunas localidades como Toro, en Zamora, o El Oso en Ávila. El verraco de Mingorría representa un cerdo, aunque también podría ser un jabalí, a casi tamaño natural y como el resto de piezas se ignora qué función tenía, aunque se descarta su simbología religiosa o funeraria; no estaban cerca de las necrópolis y encontrándose sin embargo en los cercados del ganado y dispersos en el espacio, sobre todo en zonas de importancia económica: pastos y fuentes. En la actualidad se cree que podían servir para la demarcación de lindes de pastos. Como es de suponer sobre estas esculturas surgidas en la Edad del Hierro entre los años 400-350 a.C. hay muchas historias y a lo largo de los siglos han sufrido multitud de vicisitudes y en muchos casos su destrucción.

El verraco de Mingorría, conocido popularmente como el marrano de la Virgen, por estar como he dicho sobre el cerro junto a la ermita de la Virgen  del Rosario, dista un kilómetro escaso del pueblo. Es de granito y está bastante erosionado. Mide 174 cm de largo, una altura máxima de 88 cm y 52 cm de ancho. En el terreno está sobre una veta de cuarzo conocida como Rogallinas, por lo que es seguro que no se construyó en ese lugar. Una de las peculiaridades es que tiene la pata delantera izquierda en posición adelantada lo que da la sensación de movimiento o de acometida. Sobre el dorso tiene un agujero u oquedad que se le atribuye popularmente a prácticas libaciones y prácticas mágicas. La primera descripción que leí de él se aseguraba que se desconoce el lugar de procedencia lo que me indujo a hacer alguna pequeña investigación sobre él.

Como dije antes, estas piezas han tenido muchas vicisitudes, entre las que destaca que en tiempo del Emperador Carlos V se aseguraba que éste los había mandado construir para escarnio de los castellanos tras derrotarlos en la guerra de las Comunidades, por lo que algunos fueron destruidos; otros han sido utilizados como elemento de construcción y pueden verse incrustrados en una pared o en la misma muralla de Ávila. En un viaje por Portugal, en Bragança, vi junto al castillo un verraco sobre el que descansa un rollo, lo que me hizo pensar que el origen de la oquedad del de Mingorría tuviese la misma finalidad. En efecto, según la tesis de la especialista Pilar López Monteagudo estas esculturas fueron tomadas en su día como paganas por lo que se les cristianizó colocándoles una cruz en el dorso, lo que explicaba el hueco que tiene el de Mingorría y  también  el verraco de El Oso a unos pocos kilómetros de allí.

La noche del 27 septiembre de 2003 subí hasta el cerro de la Ermita. Aquella noche el cielo estaba totalmente raso, sin nubes ni luna, porque mi objetivo era tener a la vista la Estrella Polar para hacer las mediciones. Llevaba dos palos de metro y medio de alto que clavé, aproximadamente a un metro de distancia, por delante y por detrás del verraco. A ambos palos até una cuerda delgada que hice coincidir con el espinazo del verraco. Una vez tensada la cuerda, con la brújula comprobé la orientación. Me sorprendió la poca desviación norte-sur que indicaba la línea dibujaba y que coincidía con los tres puntos de referencia: las dos estacas y la Estrella Polar.

El resultado me indujo a pensar que la escultura estaba allí desde tiempos inmemoriales y que era su primera y única ubicación, porque nadie se hubiese tomado la molestia de dar tal precisión a la orientación en tiempos más modernos, sobre todo teniendo en cuenta el origen de la oquedad, la cristianización del verraco como objeto pagano que se le consideraba. Así que sólo me quedaba por entonces averiguar si era cierto este extremo, si había sido cristianizado, y no me costó mucho tiempo encontrar la explicación a la oquedad que había sobre su dorso. En la fachada oeste de la ermita, en el muro del cercado de la pared norte, hay una peana y sobre esta una cruz extrañamente inclinada que es muy fácil mover con una sola mano, cuando el resto de cruces de la Via Crucis que recorre el pueblo están todas perfectamente fijadas.

La mañana del 12 de octubre de ese mismo año subí con un metro metálico, papel y calculadora y me dispuse a hacer nuevas mediciones, esta vez de las oquedades del verraco y la pena de la cruz. El diámetro de la oquedad del verraco era de 17,5 cm. lo que nos da una circunferencia de 55 cm. El fuste de la cruz tenía un rebaje considerable lo que le impedía mantenerse firme y encajada en la peana. Medí el rebaje y tenía una circunferencia de 52 cm, y la altura del rebaje del fuste de la cruz  coincidía con la profundidad de la oquedad que tenía el verraco, por lo que concluí que aquella era la cruz que se había utilizado para cristianizar nuestro marrano.

De esta forma comprobé que las conclusiones que se había publicado López Monteagudo sobre la cristianización del verraco eran ciertas; además había encontrado la cruz que le pusieron en su día en el dorso. Por otro lado, comprobé la hipótesis de Alvarez Sanchis sobre la ubicación de los verracos en una zona de pastos y/o fuentes al quedar el nuestro entre dos arroyos y una zona de pastos en que actualmente se cultiva de cereal. En este caso creo que carece de las propiedades mágicas o religiosas que la creencia popular le otorga, sino que con toda probabilidad hizo funciones de linde.

Más recientemente, en la esquina derecha de la ermita se ha descubierto otro verraco integrado en la pared, está mejor conservado en apariencia, al menos en la parte visible, orejas y morro, aunque es imposible saber si conserva la peana y parte de las patas.

Para introducirse en el mundo de los vettones y las esculturas zoomorfas es recomendable la visita a los castros de Las Cogotas en Cardeñosa, aunque es de más fácil acceso desde Mingorría; La Mesa de Miranda en Chamartín y Ulaca en Solosancho, todos ellos a escasos kilómetros de Ávila y en todas las poblaciones, excepto Cardeñosa, con un verraco. Para documentarse recomiendo las siguientes obras: López Monteagudo, Guadalupe, Esculturas zoomorfas celtas de la Península Ibérica, CSIC, 1989; y Álvarez-Sanchís, Jesús R., Los Vettones, Real Academia de la Historia, 2003.


miércoles, 17 de julio de 2013

Humanae - work in progress: Angélica Dass

Había visitado unas galerías para saludar después de haber recibido sus correos por las entradas que subí en este blog, Paisajes cercanos y Cuerpo (in)subordinado, y en la galería Al Paso que siempre es de agradecer. Ya de vuelta, a la altura del número 6 de la calle Santo Tomé me cruzo con una cara conocida. Viene acompañado de otras persona y me subo al escalón de la entrada del portal para dejarlos pasar, un portal amplísimo, al fondo hay unas puertas de cristal, sobre éstas el nombre de la galería Max Extrella. Decido entrar y apurar la mañana.

Me dejan solo en la sala, una exposición muy peculiar. Son retratos, todos del mismo tamaño, rostros, hombros desnudos, hombres, mujeres, niños, ancianos, blancos, negros, pelirrojos, morenos, con tatuajes, sonriendo, serios, .... Son dos salas. En la sala de entrada los retratos están clavados con alfileres a la pared, están de forma discontinua; sin embargo, en la sala interior están todos perfectamente ordenados, 8 filas completas de unas 43 fotografías por fila.

Salgo y pregunto en la oficina si puedo hacer fotografías y de paso tomo una hoja de información para intentar desvelar el conjunto: Humanae es un proyecto en desarrollo de la brasileña Angélica Dass, que pretende desplegar un inventario cromático de los diferentes tonos de la piel humana. Quienes posan son voluntarios que han conocido el proyecto y deciden participar en él. No existe una selección previa de los participantes ni se atiende a epígrafes de clasificación referentes a nacionalidad, género, edad, raza, clase social o religión.

Mi sorpresa es que cuando cuando levanto la vista del catálogo me fijo en que una de las fotografías es precisamente la empleada de la última galería que había visitado. "Sí, es ella, un encanto de persona" me dice sonriendo una chica de la galería. "Si sólo hace diez minutos estaba hablando con ella" le contesto. "Sí, como es un proyecto global participa mucha gente de por aquí alrededor". Se marcha y comienzo a hacer fotografías. Cuando me dispongo ya a irme entra una chica morena, delgada, pelo rizado. Viene hacia mí, sonriendo y me saluda. "¿Eres la autora?", "Sí, soy Angélica". Me explica el proyecto. Las fotografías de la sala interior son las fotografías de la muestra en si, y las de la sala exterior, donde he descubierto a la empleada de la otra galería y están sin completar son las que han  tomado allí durante la muestra.

El sistema de trabajo es sencillo. Se fotografía del personaje y toma una muestra de color del mismo punto del rostro de cada persona y lo traslada al fondo, con esto se desactiva cualquier pretensión de control o de establecimiento de jerarquías en función de la raza o la condición social. Luego cada retrato tiene su código de color PANTONE, el individuo está identificado por su código de color, el 98-8 C. Con algo tan sencillo se diluye la falsa preeminencia de unas razas sobre otras. Cada color, por puro que sea, tiene su propio código, no hay distinción.

Le pido que pose para mi y lo hace más seria de lo que realmente es. "Bien, -me dice- ¿quieres participar?" "¡Encantado!" Me presenta a una compañera que está haciendo un  reportaje sobre ella y el proyecto. Me pregunta si no me importa que nos fotografíe mientras ella me hace las fotos. Me quito la camisa "el cazador cazado" le digo. Mientras poso siento la increíble sensación de los fogonazos del flash, como un suave soplido en la cara, y el extraño momento de ser el objetivo por una vez.

Me pregunta cómo me he enterado del proyecto. Le cuento lo del famoso de la entrada "un actor calvo que salía en televisión, en Siete Vidas" "Javier Cámara" "El mismo, ahí, casi tropiezo con él y he entrado". Nos reímos los dos. Mientras tanto espero que me envíe las fotos que me hicieron mientras la sesión y ver las de Angélica en la web en www.humanae.tumblr.com

La exposición sólo hasta hoy 17 de julio de 2013.
http://www.maxestrella.com/exposicion/Humanae.html

lunes, 15 de julio de 2013

Call it Stormy Monday

Call it stormy monday, el blues que toca todo bluesman que se precie -leí una vez-. Sonaba en la pequeña tienda de discos de la calle Escocia. But Tuesday's just as bad. Pregunté qué sonaba: "Un blues clásico. Una versión de los Allman Brothers". Estaba comprando el triple de Woodstock y ya no sabía cuándo tendría dinero para el próximo, mis águilas eran escasas y volaban corto. Era una tienda pequeña y había entrado por primera vez allí para pedir dinero para financiar un concierto en un teatro cercano. Hasta entonces siempre había ido a la calle Tallers, pero aquel chico sabía mucho de música y los discos, en definitiva, valían en todos los sitios igual. The eagle flies on Friday, las águilas vuelan los viernes y el domingo a la iglesia a rezar, Sunday I go to church, Gonna kneel down and pray, el viernes día de pago, las águilas del billete de dólar vuelan; flies on Friday.

Nunca llegué a comprar el doble en directo At Fillmore East de los Allaman, cuando tuve el dinero ya se había agotado. Conseguí una grabación en cassette que acabó en manos de una amiga que nunca volví a ver ni a besar. Nunca fui mitómano, para mí los temazos se acabaron cuando oí entera la Novena, pero aquel blues me gustaba. En Holanda unos años después me hicieron otra grabación en cassette  que aún conservo. Una tarde hablando con mi amigo Miguel Ángel, rockero, heavy adicto y motero, cojo de tanto caerse y partirse las piernas en la carretera, estuvimos mirando cuántas versiones había del tema. Encontramos 115, luego a Miguel Ángel le dio un síncope y despertó dos días más tarde en la casa que no era.

Fui comprando de vez en cuando algún disco que contenía la canción: Etta James, Eric Clapton, Stevie Ray Voughan, Albert King, Gary Moore,... hasta que por fin encontré el original de T-Bone Walker, una grabación de 1947, claro que yo compré un CD no un vinilo. Internet me quitó el encanto de coleccionar discos por una sola canción y lo dejé poco a poco.

¿Qué tenía el tema en cuestión? Prácticamente todo, una letra sencilla que narra la vida cíclica en el gheto: el lunes es tormentoso pero el martes no es mejor, el miércoles aún peor, el jueves es tan triste. Las águilas vuelan el viernes, el sábado a jugar y el domingo en la iglesia arrodillarse y rezar. 

Leí una vez que el blues había muerto, la opresión del negro ya no existe y el quejumbroso canto de liberación ya no tiene sentido. Ahora el presidente Obama organiza conciertos en la Casa Blanca donde las estrellas de antaño, como Buddy Guy, cantan con él Sweet Home Chicago.




jueves, 11 de julio de 2013

Paisajes, Bodegones y Desnudos: Renato González


Hacía dos días que había acabado la primavera, una primavera lluviosa y fría, y el verano se presentó casi de golpe, sin tránsito, sin tregua, había dejado de llover, el cielo se despejaba en una inmensa plancha de zinc, la luna subía como pedazo de oblea y el aire zumbaba en tropelío desenfrenado de saetas. Recitando a Mariano Azuela llegué, bajando por la Carrera de San Jerónimo, desangelada de sombras, al Instituto de México. Allí hay una muestra del pintor Renato González, muy en la línea de esa exquisita pintura mexicana que tanto me atrae, obras cargadas de personajes, que dan vida a la vida y color a muerte, siempre presente, para recordar que sólo somos seres vivos en puro tránsito. Más allá podría ir, como dice en el catálogo Roger Von Gunten, el ser humano, por lo general, prefiere valerse de su poder en vez de su potencia; no crea sino fabrica, manipula o de plano saquea a un mundo, que si bien es suyo, no le pertenece.


Nada más entrar hay un cuadro a la derecha de tonos azules y rojos, los que prediominan en la muestra: La chayote, un óleo con dos desnudos en la frontera entre la realidad y los sueños, a su lado un caballo de cabeza roja pleno de dramatismo, se superpone en varios planos atravesados de color; y conforme avanza la muestra los lienzos comienzan a cargarse de símbolos, los bodegones de una única fruta y al fondo, un enigmático minotauro.

Ronda uno buscando los significados que quizás son todos indescifrables. Las 15 obras, suficientes para deleitarse en la soledad y el silencio de la sala, rebosan drama y poesía, paisajes y naturaleza que giran en torno a la pugna del azul de los sueños y un dramático y encendido color rojo.

En uno de los cuadros hay un gran cayado que recuerda a Dalí, y en el centro un hoyo, una tumba guardada por un perro y en su interior una calavera mínima, una blanca y descarnada calavera: es como si uno quisiera demostrar la profundidad del mar con un vaso de agua salada en la mano. La muerte siempre presente.

A su lado la vida, el tríptico Buscando a mamá, Renato González usa la línea (el verbo usar está mal empleado, Renato inventa): el árbol, el cuerpo, la madre y la fecundidad, el juego apasionado y los objetos que lo contienen; la madre que todo lo representa, el germen de la vida. Y hasta aquí es hasta donde me guía y cito en parte el pequeño catálogo. Pero recuerdo un texto de Rulfo, el retrato de Dolores, madre de uno de los Páramo: Sentí el retrato de mi madre guardado en la bolsa de la camisa, calentándome el corazón, como si ella también sudara. Era un retrato viejo, carcomido en los bordes; pero fue el único que conocí de ella. Me lo había encontrado en el armario de la cocina, dentro de una cazuela llena de hierbas: hojas de toronjil, flores de Castilla, ramas de ruda. Desde entonces lo guardé. Era el único. Mi madre siempre fue enemiga de retratarse. Decía que los retratos eran cosa de brujería. Y así parecía ser; porque el suyo estaba lleno de agujeros como de aguja, y en dirección del corazón tenía uno muy grande donde bien podía caber el dedo del corazón.

Paisajes, bodegones y desnudos, de Renato Álvarez, en el Instituto de México en España, Carrera de San Jerónimo, 46,  frente al Congreso, hasta el 25 de julio de 2013


miércoles, 10 de julio de 2013

Venecia

Cuando era niño si alguien hablaba de Venecia me venía a la mente la imagen de una pareja caminando, hombro con hombro, sobre uno de los puentes que cruzan la ciudad, y el adagio de Marcelo en Anónimo Veneciano. Otras veces era Vivaldi, los bailes de máscaras en la plaza de San Marcos, los canales y las góndolas silenciosas; otras veces son las obras de Canaletto y un Gran Canal minuciosamente detallado de increíbles perspectivas; o Visconti en la recreación de Muerte en Venecia de Thomas Mann y el angutiado rostro de Malher encarnado por Dick Bogarde. Ahora son las aventuras del comisario Guido Brunetti las que me trasportan a Venecia. Pero hay una imagen que sobresale entre todas, la imagen del viejo Polo caminando por San Marcos hasta el puerto, recién salido de prisión. Polo se para al borde del muelle, la cámara toma un primer plano de su rostro y luego se aleja, adentrándose en el mar, para rememorar su periplo por la China del Gran Khan.

Es lo que espero ver cuando mencionan Venecia y con todos estos recuerdos me dispuse a ver la exposición de fotografía del esloveno Primoz Bizjak, Difesa di Venezia, y del italiano Renato D'Agostin,   The Bautiful Cliché, en el Instituto Italiano de Cultura de Madrid, una muestra conjunta en dos salas diferentes.

En una sala la obra de Bizjak muestra las fortificaciones militares de Venecia, construidas en los últimos 500 años de su historia y ya en desuso. Es una serie de edificios abandonos, los restos de las fortalezas que custodiaron a una Venecia rica, la República que dominaba el Mediterráneo de poderosa flota, dueña de las rutas comerciales y culturales con oriente. Las imágenes consiguen capturar el devenir del territorio, asumiendo a la vez el valor de documentación y de poesía. Representa el estado de los edificios tal como son, en la luz diurna, y captura su dimensión inquietante y sublime, cuando los edificios son retratados en una luz residual de una toma nocturna. Las obras son fotografías de gran formato, de larga exposición donde predomina el conjunto, la construcción, el edificio, el mar y la fuerza de la luz, en un entorno abundante de pequeños matices.

En la otra sala las fotografías de D'Agostin. Son obras de pequeño formato, de un extraordinario dominio del blanco y negro, más intimista que Bizjak, que busca el vigor de la imagen y la luz, la mirada de D'Agostin es más sutil, más etérea y frágil, de una delicadeza sublime: Veo mis fotos como imágenes del espacio, de la soledad, de la arquitectura, de la introspección, del silencio, dice el propio autor. Es la Venecia intima, que evoca la seducción del arte y del equilibrio en las formas. La Venecia que deslumbrara a tantos viajeros, que evoca las frases de Proust y te rescatan del tiempo perdido en la Venecia invisible y oriental; el desamor del anónimo veneciano al compás de Marcelo o el delicado estampado de seda diseñado de Fortuny.

Dos miradas sobre Venecia, puede verse en el Instituto Italiano de Cultura, en la calle Mayor, 86 de Madrid hasta el 26 de julio de 2013.




viernes, 5 de julio de 2013

Golucho

Un calor sofocante caía sobre la calle Serrano. Las 17:25. La acera sólo tenía la sombra imperceptible de unos árboles demasiado flacos para ofrecer cobijo. Al llegar a la primera bocacalle que cruza a la izquierda, sentí el alivio para la vista de un reguero de agua limpia que corría sobre el paso de peatones. Muy al fondo de la calle, se veía a un conserje pelear con una manguera imposible que se retorcía sobre las baldosas mojadas y cabeceaba lanzando agua como un aspersor loco. Aún quedaban, al menos 50 metros para llegar al 138 de la calle. Cruzó la calle un coche negro desde la derecha, en la fachada del edificio bajo de al lado, una bandera de Irlanda se movió con la pereza propia de la siesta.

Al llegar toqué al timbre y esperé que me contestarán o se abriese la puerta azul cobalto. No contestaron. Dos, tres veces más volví a llamar. No hay nadie. Cuando ya me marchaba se abrió la puerta. Perdón -me dijo-, está el timbre desconectado. Un chico joven de barba cuidada y expresión agradable me invitó a pasar. Hasta las 8 no se inaugura la exposición, pero entre y descanse un poco -me dijo al ver mi gesto de cansancio. Recorrí las dos salas con los cuadros aún sin acabar de montar. Eran cuadros grandes y había poca iluminación. Dibujos a lápiz y óleos sobre tabla de un realismo impactante.

A las 8 de la tarde un grupo de personas esperaba charlando en el jardincillo que daba paso a la exposición, frente a la puerta azul. Comenzaron a llegar los primeros invitados. Las luces realzan las pinturas y les daban un aire más vivo que cuando las vi en la penumbra un par de horas antes. Entonces te das cuenta de que el óleo tiene un efecto diferente sobre una tabla que sobre un lienzo; sin embargo, los reflejos de las luces en los cristales dificultan la observación de los dibujos: Ximé, Tercer intento, Adela y Mariantonia se prestaban al juego de luces y los espectadores cambiaban de lugar para ver las distintas zonas del cuadro que los focos parecían borrar. Puede usted verlos en internet, me dice un señor mayor al verme hacer fotografías- busque Golucho y ahí le saldrá todo sobre él.

Al otro lado, en otra sala está la mayoría de las pinturas: El pasillo, Mujer, La habitación verde,... El artista ha dibujado y ha pintado lo que ve, no se ha preocupado de enmascarar el gesto ni suavizar las posturas, muestra los personajes como son en realidad, Ximé agotado, ido, Mujer parece estar esperando a posar; En el pasillo 2 la mirada perdida, El tercer intento, el cansancio y la vejez, como Mariantonia o el retrato de Adela desnuda de espaldas, sin fondo ni referencia. El artista no viene, no va a venir, está en Nueva York, me dice el señor mayor, un familiar, me cuenta. Al lado está su mujer: Éste me gusta mucho, -me dice ella señalando La habitación verde - esa almohada está muy bien rematada, es muy bonita.


Al fondo, casi desterrado, el dibujo de Al tercer intento. Dos ancianos dibujados a lápiz. ¿Qué significa? -pregunta una mujer a su acompañante- No sé, no sé. -le contesta. Entonces gira la cara como intentando buscar un ángulo diferente y adivinar la acción-. Los personajes parecen que tienen vida -responde al cabo de un rato- el gesto, la tensión de los músculos, la flacidez de la piel. -Bebió de la copa un sorbo de vino blanco, giró sobre sí y llamó la atención de su compañera sobre otro cuadro. Vi salir a la pareja familiares del pintor. Los seguí, y ya en la calle tomaron un taxi. Una suave brisa parecía refrescar un poco el ambiente. Un grupo de personas muy elegantes entraron en la sala. Aún antes de marcharme me detuve un instante para ver de lejos el dibujo desnudo de Adela a través de la puerta abierta que daba al jardincillo.


La exposición Golucho, en la Fundación Pons, en calle Serrano, 138 hasta el 31 de julio de 2013.
http://www.fundacionpons.com/es/cultura/exposiciones/7182-exposicion-de-golucho



miércoles, 3 de julio de 2013

Arte Urbano: Ultimas tendencias

 La ciudad no solo alberga museos, es un museo en si misma. Por cada rincón por pequeño que sea, se convierte en un espacio de reflexión, inspiración y creación plástica, escribe Ignacio Quintana en el 2º Encuentro en la UNED de Arte Urbano.

El Arte Urbano evoluciona al ritmo de sus actores a una velocidad trepidante. Desde graffiti y el espray como herramienta sobre el muro, pasamos a las intervenciones, a la colocación de elementos que interactúan en el paisaje urbano. A partir de ahora solo tiene en común con el graffiti el medio en el ue se desarrolla: la calle, el anonimato y la ilegalidad. La elaboración de las piezas cambia por completo con el uso siluetas recortadas, las plantillas para pintar y las pegatinas que permiten un difusión más rápida. Los artistas, con vocación y formación más técnica, evolucionan desde la web, de donde emama y captan sus inquioetudes. Para ellos, en muchos casos, internet es la fuente y la forma de mirar, ver, comprender y emitir los mensajes. El concepto y su discurso avanza a velocidades de Mbps y se tasan en bits, aunque sigue manteniendo el espíritu solidario, ahora se manifiestan con un fuerte componente de crítica social.

En una sociedad de consumo disparado, donde el bien tiene una duración finita, ya viene definida la caducidad desde fábrica, el exceso y la abundancia marca las tendencias. Una tendencia que cada vez está más unida al modelo publicitario tradicional, que es de donde surgen algunos autores,del diseño gráfico y del arte conceptual que aportan algunos estudiantes de arte universitarios. El entorno en el que se mueven gira sobre el consumo, la falta de privacidad, la vigilancia y el control de movimientos. El Gran Hermano: la seguridad frente a la libertad serán parte de su leitmotive.

El artista cambia el soporte y los elementos para ejecutar su obra, escoge materiales de desecho, aglomerados de madera, discos, cds, paneles de obras, cartones, papel de embalar y pegatinas. Su arte tampoco se aleja mucho de lo cotidiano: la pegatina es como la del cerrajero que está presente en todos los cierres; la silueta de papel pegado se asemeja al anuncio de alguien que ha perdido su perro o alquila una plaza de garaje, y la cámara de vigilancia de cualquier esquina que vela por tu seguridad y vigila cada movimiento. Las obras muestran un tono ácido, la denuncia y la ironía en sus mensajes hacia la sociedad contemporánea de opulencia y  derroche, aunque también persiguen la proyección personal: yo estuve allí.


Las manifestaciones artísticas urbanas, por suerte, crecen cada día más. Se han convertido en formas de expresióbn libre; aunque, desgraciadamente hay quien se empeña en destruirlas. Cuando caminas por las calles de una ciudad como Madrid, notas el continuo cambio que en ellas se produce. Es por esa razón, que resulte fascinante retratar un instante y evitar con ello, que lo que la cámara toma, no desaparezca pasado el tiempo. Una instantánea que guardará un registro permanente de estos cambio permanentes. Patrik's vf


Nuestro estilo de vida implica el consumo de grandes cantidades de papel, cobre, materia orgánica y envases de metal, plástico o vidrio. Una vez usados estos son convertidos en residuos que, hasta hace poco, iban a parar invariablemente al cubo de la basura.Cinthia González.


Al pensar en Lavapiés una de las imágenes que me viene a la cabeza es la cantidad de cámaras y de carteles de seguridad y de video vigilancia que existen en todo el barrio. Gabriela Caeiro.


Como una sofisticada evolución del tag, se relega nuestra identidad a conocidas marcas, rediseñadas y sometidos con ironía a la manipulación y transgresión. Niko


Se presentan dos reflexiones, por un lado Formas de onda termométricas: Proyección termométrica de la intensidad sonora (volumen) del abecedario-tipografía realizado con formas de onda de las letras después de ser locutadas. Y por otro, Amor gratis un proyecto de arte urbano que tiene por objeto hacer reflexionar sobre el consumismo. Por Favor

Oda al capitalismo, la monogamia y la abundancia. "Fatever" habla del exceso. Un retrato de la sociedad occidental contemporánea. Doctor Homes & ZÉ Carrión.


@ElReyDeLaRuina AKA Ruina, nos muestra los mismos iconos y lenguajes que utiliza en el espacio público, imágenes provocadoras de alto contraste en las que la técnica queda supeditada al mensaje, siempre sarcástico o irónico y que pretende ser más impactante y revelador que estético. Ruina.


Solo pretendo dejar huella en todos los sitios a los que voy. Bloo and Titi







El 2º Encuentro en la UNED de ARTE URBANO, en la calle Tribulete, 14 de Madrid, hasta el 5 de julio de 2013.

lunes, 1 de julio de 2013

El discurso de Laura

Esta historia ocurrió un par de años después de haberse muerto Franco, cuando hubo una explosión de creatividad y libertad que creíamos infinita. Si cierro los ojos, aún puedo escucharlos:
-Este es maricón porque es cojo. -dijo en voz baja Paulino mirando de soslayo a Gregorio que se alejaba calle arriba.
-¡Anda!, ¿y tú por qué? -le espetó Carmen.
-Yo nací así, cariño. -Lo dijo sin mirarla.Volvió a centrarse en el boceto para su Regenta. Había dibujado unas ventanas góticas ojivales que filtraban un haz de luz iluminando la escena desde la izquierda; el suelo ajedrezado, en el centro una mujer de espaldas proyectaba su sombra hasta salirse del cuaderno; peinado y vestido siglo XIX. -Un día la representaremos en Santa María del Mar. ¡No! Mejor en la Señora del Pino. Sí, ahí mejor, en Nuestra Señora del Pino.
Nunca supe por qué Paulino le tenía manía a Gregorio y nunca intenté averiguarlo. Carmen, dependienta de una pastelería de Puerta del Ángel era la concordia:
-Vale, que tiene un color así, como cetrino, pero es buen chico -concluyó sobre Gregorio y dio el último sorbo al café con leche.

Paulino era alto, moreno, delgado e "insultantemente guapo", decía Carmen. Vicente era amigo de Paulino, tenían las misma edad, también le gustaban los hombres "vaya suerte tiene una con estos dos" decía con cierta resignación la pastelera. Vicente, aficionado a la fotografía, tenía un pequeño laboratorio de revelado en su casa y allí pasamos más de una tarde de domingo. También venía Pedro, al que no se le conocían tendencias ni más arte que hablar, nos amenizaba los largos ratos de revelado de Vicente  inventando diálogos en francés y cantando, sentado en una silla como Marlene Dietrich, coplas en francés que él mismo componía. Aquel mundo, al que llegué por casualidad, giraba entorno a Paulino, epicentro de todas las cosas.
Solíamos ir a Els Quatre Gats a rememorar el diseño que Picasso hizo de la carta del bar y admirar las reproducciones de los cuadros de Nonell, Ramón Casas, Mir, Utrillo y Rusiñol, porque era donde a Paulino le gustaba meterse buscando las musas. Alguna tarde bajábamos las Ramblas. Pasada la calle Hospital había un bar mínimo donde servían absenta. Allí, arrinconados en la lúgubre estrechez, entre la mesa y las sillas desvencijadas, con olor a humedad y óxido, en un ambiente propicio para una novela de Mendoza, Paulino soñaba y se complacía creyéndose en los trasfondos de Montmartre. Mientras, yo dibujaba en mi cuaderno y apuntaba historias inverosímiles, y me entretenía mirando de tanto en tanto una lucecita verde que había detrás del mostrador y que iluminaba difícilmente la caja registradora.
-La gente, me dijo, escribe en inglés para parecer más fina. ¡Qué tontería! Si hay más gente que escribe en inglés que en español en el mundo.
-Yo, le dije sin dejar de dibujar, escribo alguna vez en latín. Por cierto, me tienes que dejar El Mesías, estoy escribiendo un cuento y quiero que el protagonista cante algo de Hendel, porque el protagonista escucha a Hendel.

Los días de verano íbamos a la playa. Madrugábamos y cogíamos el tren en San Andrés. Solíamos parar en El Garraf o en Sitges. Él se tumbaba embadurnado de bronceador y se quedaba las horas al sol, rara vez se metía en el agua. Alguna vez nos acompañaba Carmen, la pastelera, que nos hacía el trayecto de lo más ameno. Nos contaba que les escribía los carteles a los pobres que pedían en el Paseo de Gracia o, de repente, exclamaba mirando a un bañista “¡por Dios, qué guapo!”; entonces Paulino sonreía, “lleva ahí casi media hora”.
A los desayunos de media mañana, se acercaba de vez en cuando Laura. Laura era una chica menuda y nerviosa, con cara de ángel, parecía una Santa Isabel pintada por Leonardo. Muy radical, feminista y exaltada, se sentaba justo al lado de Javier, un chico de fantasías orgiásticas.
-Lo que le pasa es que está colada por Paulino -me dijo Carmen.
-No creo, es lesbiana, al menos eso dice.
-Por Dios que cosas!
Yo había terminado un cuento al que le había puesto música de Strauss y Pink Floyd. Paulino se ilusionó con la obrita y quiso ponerle movimiento, como si fuese un ballet, y dicho y hecho empezó a coser mallas, tutús, encajes y rasos que perecía propio de una escena escrita por Mujica Lainez.
-¡Qué asco! -Decía Laura abominando de los desnudos-; ¡En pelotas! Gritaba Javier, ¡qué dionisiaco! ¡no me lo pierdo!
A veces también venía Gregorio, ""¡Se llama como el protagonista de  la Metamorfosis de Kafka". Nunca me arrepentiré lo suficiente de haber hecho ese comentario. Gregorio era un chico más bien tristón y algo lúgubre que unido a su cojera, a ese color cetrino que decía Carmen ,y la manía de Paulino contra él, consiguió cierto estigma satánico del que me sentí culpable en cierta medida. Pero lo que realmente nos preocupaba a todos era el discurso de Laura, radical y agresivo. Ella sentía que su condición feminista y su sexualidad eran el centro de su vida y no comprendía que entre nosotros todo eso nos daba igual. 
Empezamos los ensayos, que eran lo más divertido de todo. Paulino bailaba vestido con sus tutús y sus trajes de papel de seda. “!Con ustedes Paulino Paulova!” anunciaba Vicente; mientras, yo fundía a duras penas la música de un casete y un tocadiscos. Pedro recitaba la obra y aprovechaba cualquier corte para recitarlo en francés. Para todos era una fiesta y para Laura, un motivo más de indignación.
Una mañana, después de nuestro desayuno comunal, Laura se marchó ofuscada por no sé qué asunto, en su motocicleta calle Platería arriba. En el semáforo con Layetana un taxi le dio un golpecito por detrás a la motocicleta, con tan mala fortuna que cayeron la moto y ella encima. La manilla del freno se le clavó en el pómulo ensartándose por dentro en el ojo derecho arrancándolo de cuajo. Estuvo ingresaba dos semanas. Nunca estaba sola. Cuando regresó, unas veces lo hacía con un ojo de cristal, otras con un parche de pirata, esquiva unas veces, otras más sociable y casi siempre muy callada.
El accidente de Laura trastocó las reuniones del grupo hasta que lentamente volvimos a la rutina de siempre. Una mañana Paulino se presentó con los tutús en una bolsa y decidimos hacer nuestra representación en casa de Pedro.
El sábado estábamos montando la representación. Sobre la mesa el tocadiscos y el casete. Pedro a mi lado sentado a lo Dietrich. Al otro lado Vicente con trípode, cámara y flash, midiendo la luz. Paulino entraba y salía del pasillo con los nervios propios de un actor del Liceo. Laura se acercó a él y le pidió hacer el papel de chica que no iba a hacer nadie.
-¡Perfecto! Laura va a actuar conmigo -gritó Paulino entusiasmado.
Nuestro público, muy atento: Gregorio, oscuro y lúgubre, fumando e inquieto parecía estar posando para Otto Dix, y a su lado Carmen, quieta como el palo de una escoba. Se atenuó la luz y sonó Así habló Zaratustra. A una señal mía, Pedro comenzó a recitar.  Paulino salió a escena y el primer flash de Vicente iluminó todo. Unos minutos después, cuando sonó una campanilla en el Zaratustra salió Laura, vestida con una falda de papel de seda roja, descalza y el torso desnudo. La pequeña cicatriz de su pómulo derecho brilló por un momento debajo del parche oscuro como si fuese una lágrima.

El taxi me dejó frente a una puerta de una verja de hierro fundido entreabierta. Para llegar al sanatorio había que subir una pequeña cuesta entre una fronda espesa de enormes plátanos, encinas, zarzas, enredaderas y pinos. La enfermera me hizo esperar unos minutos. El edificio parecía tener docientos años, limpio y sin brillo. Paulino salió vestido con una bata verde y una mascarilla que le cubría la boca y la nariz.
-Parece mentira, el único que no fuma y mira ¡tuberculosis! Ya me queda poco. La semana que viene me han dicho que me dan el alta. ¡Mira Carmen quién ha venido a verme! -Al instante apareció la pastelera- ¿Cuánto hace que no nos vemos? ¿Un año? ¿Sabes quién se acaba de ir? Laurita. Está muy mal, muy delgada, sí, muy delgada, cada día habla menos, y ese parche... Anda Carmen, saca esos pastelitos...

La fotografía es una  representación de Au Moulin de la Galette, de Ramón Casas.