sábado, 25 de mayo de 2013

José Ramón Lozano

Plasmar la esencia de una persona no es fácil. Decía mi profesor de filosofía que la esencia es aquello por lo que una cosa es y no es otra. Aunque al caso, ya lo dice el refrán, la cara es el espejo del alma. La esencia es algo muy arriesgado, es desnudarse demasiado cuando se trata de una cara: la bondad, la quietud, el cansancio, el amor... Nada más entrar en la galería daba la sensación de que la modelo tiene la mirada triste y, aún antes de conocer a José Ramón, pensé que esa expresión, esa esencia que anunciaba en la entrada, era la obra de una persona mayor. ¿Por qué? Quizá porque no me parecía que una persona joven fuese capaz de captar la esencia de una mirada, la tristeza, el cansancio o la provocación de una forma tan intensa. Anduve por la sala observando pausadamente los ojos de las piezas expuestas o deteniéndome en los labios de la modelo.Todos son cuadros de gran formato y una fuerza inaudita, una mirada inquietante detras de las pinceladas sueltas y enérgicas.

- ¿Toma algo el señor? No hay vino tinto. Entonces tomaré cerveza.
- Estuve en Granada estudiando, casi 11 años, hasta el doctorado.
No hablamos de Granada, porque "apenas me moví". Tiene un acento muy musical, "soy de Ceuta" puntualizó.

He leído en algún lugar la referencia a la violencia que puede expresar alguno de los cuadros. Quizás porque utiliza el rojo de forma un tanto abusiva, intensa. El rostro enrojecido, violentado, golpeado de sangre, los ojos vidriosos de un llanto reciente. A mi no me importa, para mi el rojo no es violencia, es pasión unas veces, cansancio otras, me atrae aún más, me acerca más a la obra.

- Desde luego la modelo parece estar viva -oigo decir detrás de mi.
- A mi lo que me interesa es el impacto que tiene en el espectador, la impresión que me provoca, no le hago caso a todas esas crónicas ni lo que dicen los medios cada vez que hablan de una exposición. Es más, no lo entiendo.
- Fíjate. Ves el rostro y luego los cuerpos sin cara. A veces me desconcierta -dice una mujer frente a un desnudo con un fondo totalmente azul- Parece un boceto. ¡Qué fuerza!

Sobre una mesa baja, la única que hay en la sala, dejo la copa de cerveza vacía junto a un vaso también vacío. Hay una hoja suelta que habla de la exposición. Leo entre líneas "Estas 'Esencias', título de la muestra, son el combustible de una narración donde la definición puede ser tan anónima como un cuerpo desnudo y sin rostro". Detras justo dos hombres desnudos, apartados del resto, "Hombres y mujeres definidos, cuerpos anónimos, la sensación de que el encuadre es un artificio más que una necesidad, que tras cada actuitud, cada mirada hay una historia, una concatenación de sentimientos que conducen, en muchos casos, a una insinuada violencia presente, pasada y futura" y un grito incontenible.

- En estas caras hay mucha paz, es como si se hubiesen relajado de toda la tensión, como si hubiesen sorteado una tempestad, -dice alguien a mi lado-. Retomo el folleto "descubrir por qué los retratados nos miran" y nos gritan y se exponen en la quietud, la relajación, la laxitud tras la lucha y el esfuerzo de un acción anterior que solo se intuye, porque no hay puja, ni batalla.
Le pedí a José Ramón que se pusiese junto a uno de sus cuadros. "Aquél" de dije. Pero me di cuenta de que no era el que creía, el que elegí en un principio. El rostro de ojos azules y boca entreabierta, o ¿era aquel otro de ojos negros y mirada perdida? Antes del posado dudé, pero no quise rectificar. Todos eran diferentes, los rostros eran todos distintos aunque sólo parecía cambiar los ojos, la boca o las cejas. El efecto era demoledor.

- Mira, para mí el concepto es muy simple, me gusta o no me gusta -oí detrás de mi otra voz-, y esto es excepcional.
El camarero paseaba de un lado a otro, ofrecía vasos y los reemplazaba por otros según se iban consumiendo. Me acerqué al primero de los retratos, cercano a la entrada y tomé un primer plano de unos ojos plenos de melancolía. A la izquierda había un grupo de visitantes que charlaba animado. En la puerta otro grupo esperaba para entrar.

Galería Bat Alberto Cornejo, hasta el 20 de julio, en la calle María de Guzmán, 61 de Madrid

Art Madrid 2015


2 comentarios:

  1. Es curioso, no has puesto ninguna imagen que refleje sentimientos positivos... ¿acaso no la había? Esta entrada dice tanto del pintor como del cronista. Interesante opción.

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  2. Gracias por tu opinión Silvia, siempre enriquecedora de verdad. Yo he intentado explicar lo que veía y las palabras sueltas de los que estaban a mi lado en ese momento y contrastarlo con lo que decía la hoja explicativa de la exposición. Lo cierto es que la obra de José Ramón impresiona y mucho, y eso la engrandece. El lado positivo, también lo tiene, el uso de los colores no es arbitrario y delante del original te hace pensar y comentarlo, como hacía la gente, si una obra no transmite nada normalmente la gente no suele decir nada.

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