jueves, 16 de mayo de 2013

Hipster, Jack Kerouac y la Sala 409

"Vaya a la Sala 409, me dijo la chica de información del Reina Sofía, si busca algo sobre el final de la II Guerra Mundial". Le dije que buscaba algo relacionado con los hipster. Me miró y sonreí. Le hablé de Kerouac y en tonces sonrió ella. "No hay nada sobre la bomba atómica, dijo, pero en la sala hay un Rothko y un par de obras de Still, de Clyfford Still, el expresionismo abstracto, quizá es lo que usted busca es de los años 50, me dijo con cierto entusiasmo. Es la cultura de la guerra fría, pintores en los que se invirtió mucho porque eran todo lo contrario del arte comunista. Se trataba romper el equilibro de poderes en todos los aspectos y en el arte para romper la línea clásica de la estética comunista se invierte mucho dinero en expresionismo abstracto de Rothko y Still, que son los que tenemos aquí, y Pollock". Al oír en nombre de Pollock quien se entusiasmó fui yo. "Eso, le dije, Jackson Pollock es el personaje, es la improvisación, el paradigma del hipster en la pintura, ese no tocar la tela con el pincel , la improvisación perpetua, el Charlie Parker de la pintura". "Justo antes de entrar en la Sala 409, continuó la chica, se proyecta "La ventana indiscreta" de Hitchcock, es la presentación, digamos del arte del régimen capitalista, el americano que se para, escayolado y sólo ve lo que hay alrededor en su patio de vecinos, la obsesión por controlarlo todo, espiar cada movimiento de los pisos de enfrente. De todas formas aquí tenemos, me dijo señalando una mesa con unos tres libros en cada lado atados con un cordel, literatura de la época, en un lado EE.UU., Europa en otro, allí España". En el lado americano estaba En el camino de Jack Kerouac, Aullido de Allen Ginsberg y uno de Henry Miller que no recuerdo el título.

"Últimamente estaba oyendo hablar de hipsters y es que no sé a qué se refieren cuando hablan alguien llamándole así" le dije a la chica. "Bueno, ya se sabe, los modernos de ahora son esos que se pasean por Malasaña y a fuerza de querer ser distintos van vestidos todos igual" me dijo con cierta sorna. Me despedí de ella y busqué la Sala 409. De vuelta a casa, casi inconscientemente, en el metro intenté recordar qué concepto tenía yo del hipster y me vinieron a la cabeza varias palabras. Tomé mi cuaderno de notas:

Hipster (anoté en el cuaderno estas palabras): Kerouac, Guerra, Frisco, Hip, Beat, Bop, Charlie Parker, negro, jazz, sexo, droga, borrachera. Era lo que me quedaba después de haber leído En el camino y Los subterráneos. Podía haber estado escribiendo un buen número de palabras, aunque sin  intentar imitar a Norman Mailer cuando hace una relación de términos en El blanco negro, donde describe el Hip: la relación,  perverso, medianoche, nihilista, sexo, asociativo, truhanes, libre arbitro, Thelonius Monk, negro, hipster ... y al Square, el americano convencional: el nombre, piadoso, mediodía, autoritario, religión, consecuente, policía, determinismo, Dave Brubeck, blanco, beatnik... (beatnik es el seguidor de la cultura beat, con el que el square denomina al hispter de forma peyorativa)

El perfecto hispter es el Dean Moriarty de En el camino, de Jack Kerouac, según los cánones clásicos. Es demente, vagabundo y pordiosero. Acudiendo al mismo Kerouac en sus Subterráeneos da una explicación que me hizo mucha gracia: "Julien Alexander es el ángel de los subterráneos; 'subterráneo' es un nombre inventado por Adams Moorad, poeta y amigo mío, que dijo: "Son hispter sin ser insoportables...". O sea que los hipster son insoportables.

Según Mailer el hipster tiene su origen en un problema de identidad. El individuo se da cuenta después de vivir la II Guerra Mundial y, sobre todo, después del lanzamiento de la bomba atómica, que ha pasado de ser persona a ser un número; vamos, que Moriarty (Kerouac) se da cuenta que puede caer una bomba atómica y matarlo, junto a cientos de miles de personas y él solo será el número x de una serie de muertos, ha dejado de ser Moriarty, así de simple. Con Kerouac el vértigo comienza en la Ruta 66. Vivir a salto de mata, de Nueva York a San Francisco (Frisco) y vuelta, un viaje por la América profunda y auténtica.

La idea que me quedó del hispter es la de un blanco que busca la identidad del negro, su sufrimiento, su potencia sexual, su cultura, una expresión que cataliza, después de 200 años de explotación y esclavitud, en el Hip. El jazz. Mi protagonista ideal no era Moriarty, sino Leo Percepied de los Subterráneos, y Mardou Fox, la protagonista negra, "el ángel negro, desesperado y sombrío, de este mundo subterráneo de Frisco", los ambientes sórdidos, Charlie Parker y la impovisación, la borrachera, las juergas, el olor de las calles y la oscuridad hasta la llegada del amanecer. Tengo subrayado un párrafo al inicio de la novela que dice "... cuando bajé por la calle Montgomery esa noche cálida y vi a Mardou sentada en el guardabarros con Julien, recordé de pronto: '¡Oh!, ahí está esa chica con quien quiero tener un asunto. Quién sabe si anda con alguno de esos muchachos', oscura, apenas se la veía en esa calle poco iluminada...".

Hay un trocito de El blanco negro de Mailer que es muy gráfico y lo voy a copiar íntegro: "Lo que son los camafeos de la seguridad para el blanco medio: madre, casa, trabajo y familia, ni siquiera son irrisorios para millones de negros; son imposibles. El negro tiene la más simple de las alternativas: vivir una vida de sumisión constante o de peligro siempre amenazante. En una situación tal en la que la paranoia es tan vital como la sangre para vivir, el negro se había mantenido vivo y había comenzado a desarrollarse siguiendo, cuando podía, las necesidades de su cuerpo. Al saber en las mismas células de su existencia que la vida era guerra y nada más que guerra, el negro (teniendo en cuenta todas las excepciones) raramente podía soportar las inhibiciones sofisticadas de la civilización y en consecuencia conservó para su supervivencia el arte de lo primitivo, vivió en el presente inmediato, subsistió gracias a sus kics* de las noches del sábado, dejando de lado los placeres de la mente por los más obligatorios placeres del cuerpo, y en su música dio voz al carácter y calidad de su experiencia, a su cólera y a las infinitas variaciones del gozo, lujuria, postración, gruñido, calambre, pellizco, grito y desespero de su orgasmo. Porque el jazz es orgasmo, del bueno y del malo, y fue así como habló a través de la nación, tuvo la comunicación del arte aun allí donde fue falseado, pervertido, corrompido y casi asesinado, habló, hasta en las formas populares almidonadas, de estados existenciales instantáneos a los que algunos blancos podían responder, y fue realmente una comunicación a través del arte porque decía: "Esto es lo que yo siento y en este momento tú también lo sientes".

*Kicks: literalmente, patada. En el lenguaje Hip viene del pinchazo o sacudida que se recibe al inyectarse la droga y, por extensión, significa placer. Vamos lo que nosotros conocemos como un chute.

El hispter, sintetiza Mailer, "absorbe las sinopsis existenciales del negro y en la práctica puede ser considerado como un negro blanco".

Hay que tener en cuenta que todo esto transcurre en los años 50, la situación de los negros norteamericanos y el sabor amargo de una juventud que acababa de regresar de una guerra con un final de extermino. Cuando todo esto se acaba, todas estas circunstancias ya no se dan, el hispter desaparece.

En los años 90 y hasta la actualidad se retoma el término hipster para aplicarlo a los seguidores de lo no convencional, cine y música independientes, que actúan al margen de las modas, compran ropa usada y hullen de todo lo comercial, amantes de la subcultura, lo intelectual, esquivan las etiquetas, aunque todos visten lo mismo y actúan igual ... pero esta es otra historia y era la que me tenía confundido.

2 comentarios:

  1. ¿No te has parado nunca a pensar lo peligrosas que somos las mujeres cuándo pensamos? Pues tu entrada me ha hecho pensar (¡¡¡ATENCIÓN, peligro!!!).

    Lo cierto es que no me gusta la literatura de Kerouac. Tener pasta y recrear el desgaste vital de los "hipster" me resulta hipócrita desde el punto de vista literario. De todos modos, como soy amiga de las segundas oportunidades y la novela no me entusiasmó, vi "On the road" en un tránsito virtual parecido al real de la historia (de aquí para allá). No entro en valoraciones de la elección de los actores (estoy segura de que Kerouac nunca habría elegido a Kristen Stewart, la insulsa “niña crepúsculo”, para el papel de Marylou), de una nómina tan larga de actores de la que solo Viggo Mortensen y Steve Buscemi se salvan, pero esta adaptación cinematográfica deja bastante que desear. Los directores deberían saber que hay novelas que, en especial por su maestría narrativa, no se pueden (ni se deben) llevar a la gran pantalla, pero…

    Muchas gracias por el apunte. Tomo nota.

    P.S. A mí James Stewart me encanta, precisamente porque representa todo el encorsetamiento del que huye Kerouac. Ya sabes, en la diversidad está el gusto.

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  2. Gracias Silvia, haces una reflexión muy acertada. A mi lo que me generaba confusión era el término hipster, lo que era una forma de vida en los 50 pasa ser una moda en la actualidad. Yo tampoco soy muy entusiasta de Kerouac, o al menos de On The Road, me gustó más Los Subterráneos como digo. Estoy de acuerdo contigo en la adaptación de algunas novelas al cine que suelen ser decepcionantes: En busca del tiempo perdido, Al sur de Granada y Troya me vienen a la memoria, e imagino que en el caso de On The Road pasa igual según entiendo por tu comentario. James Stewart aquí hace el papel de Square aunque dudé entre poner o no su imagen.

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