jueves, 30 de mayo de 2013

Emmet Gowin


Llegué a la sala de exposiciones de los primeros, haría sólo un cuarto de hora que la habían abierto al público. Lo primero que hice fue una fotografía al cartel anunciador en la misma entrada. Me senté en las escaleras y disparé tres veces, porque hay muy poca luz y quería asegurar: Emmet Gowin. Fundación Mapfre. En la sala de Azca no te dejan hacer fotos, solo si tienes permiso. Ya me había pasado antes, pregunto y me dicen que no, me prohíben fotografiar, pero se lo permiten a otros: "Tienen permiso", me dijo el vigilante un día, así que me he planteado pedirlo yo también. Sin embargo, al final he decidido que no, no lo haré, seguiré como hasta ahora, porque eso me hace ver las fotografías de una manera diferente, en vez de fotografiarlas y pelearme con los reflejos de los cristales, las dibujo de forma esquemáticas en mi bloc de notas, donde voy apuntando los comentarios de lo paneles y las notas explicativas; y lo hago casi sin luz, con la luz tenue que hay en las salas y tampoco busco más, anoto casi sin ver lo que escribo y luego tengo que hacer el esfuerzo de traducirlas, de rescatar las imágenes. Si soy capaz de hacerlo es que ha valido la pena, porque la imagen y el recuerdo siguen ahí.

La primera imagen que me impacta es una de 1964, de Edith Morris. Una fotografía sencilla, de una mujer sentada en una cafetería quizás, y nada más. Retrocedí unos metros y comencé a leer el primer panel: "Cuando en 1964 me casé con Edith Morris, ..." a esta breve explicación continúan una serie de fotografías de la familia, vida cotidiana, jóvenes, niños, adultos, la familia y Edith, su mujer.

Luego continúa con una serie de paisajes. primero de Italia: "En una fotografía del paisaje tanto la mente como el corazón necesitan encontrar el lugar que les corresponde". La campiña, frutales y las estaciones; un pueblo en apariencia abandonado, un laberinto de escaleras, paredes desnudas, grandes bloques de mampostería, calles empinadas, muros de contención, pero ningún personaje, una ausencia que te va preparando para introducirte en una serie sobre Petra y la quietud de los palacios excavados en la piedra: "Hay un silencio profundo que silva en el oído, una tranquilidad intensa, como si la luz o algo inaudito estuviera respirando". Justo enfrente están las imágenes de la desolación, las consecuencias de la erupción de un volcán, la mano del hombre y la modificación del paisaje con cultivos geométricos, el terrorífico paisaje desolado tras las pruebas nucleares, barracones alineados en medio del desierto, la minería a cielo abierto y la fotografía aérea. Un tránsito por el paisaje devastado que te lleva de nuevo a la vida a través de los campos e hileras de olivares de Granada.

De nuevo retorna a la paz y la intimidad de la pareja: "Desde que Emmet Gowin encuentra a Edith Morris, ésta ha sido su pareja y su musa, leitmotiv de su vida y de su obra", es un último paseo con la musa hasta 2005. "La generosidad del artista y de la modelo nos hace partícipes de esa intimidad, del misterio de la vida privada" y un álbum de mariposas nocturnas, los contraluces y la silueta omnipresente de Edith una vez más, un diálogo inconmensurable que culmina 41 años de complicidad.


Emmet Gowin, en Fundación Mapfre. Instituto de Cultura. Sala de exposiciones de AZCA. Avda. General Perón, 40 de Madrid. Hasta el 1 de septiembre de 2013

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