lunes, 13 de mayo de 2013

El último tren

Debía ser en 1974, acababa de llegar a aquel barrio. Había noches que las pasaba con el transistor debajo de la almohada esperando oír el Space Oddity de Bowie y me sorprendía una noche tras otra con el Walk on the wild side de Lou Reed.  Mi amigo José María, que tendría 2 o 3 años más que yo, y con muchos posibles, me grababa cintas y aún conservo alguna: Rare Eart, Iron Butterfly, C.S.N.Y., Led Zeppelin, C.C.R., Wings, ...

Uno de los primeros discos que compré, cuando por fin tuve tocadiscos, sino el primero, fue Rock 'n' Roll Animal, de Lou Reed. La censura de la época había dejado el disco algo tocado, totalmente tocado, habían eliminado Heroine, pero para mi dicha estaba el Walk on the wild side.

Las noches de verano abría la ventana y escuchaba de fondo mi pequeña radio o los vinilos entre los  chisporroteos del los altavoces. Encendía un cigarro y me entretenía mirando un trozo de cielo que asomaba detras la alambrada de una masía que estaba frente a mi casa. Una farola de luz amarillenta de tanto en de tanto parpadeaba en la quietud de aquella calle sin tráfico. El olor acre de la calle inundaba el ambiente, y entre bocanadas de humo el ascua del cigarro iluminaba fugaz la habitación. Entonces esperaba una ráfaga de aire freco que trajera el arorma del jazmín que plantó mi madre nada más llegar a aquel piso de Barcelona. A ratos contaba las ventanas que se encendían y se apagaban del edificio de enfrente, otra veces, cuando se acercaba la noche de San Juan, podía ver los destellos de algún cohete fugaz. Alguna noche, los vecinos del piso de arriba salían al balcón. Los oía susurrar sin entender de qué hablaban, se les escapaba alguna risa y, con el pitido de las horas, los oía recoger las sillas y bajar las persianas. Entonces me sentía el verdadero dueño de la noche en mi soledad noctámbula, y escuchaba una y otra vez a Arlo Guthrie. Eran unos temas que me llenaban la mente de imágenes y fantasías, ahora irrecuperables, que parecían emerger de la enredadera que tapiaba mi jardín y lo separaba de la acera.

Tenía un vecino que algunas veces venía a mi casa, se quedaba conmigo escuchando música, fumando los dos acodados en la ventana. No recuerdo como se llamaba. Pronto comenzó a caminar por el filo de la navaja, por el lado salvaje de la vida, y poco a poco dejó de venir. Una tarde me pidió unos discos para oírlos en su casa y se llevó Ummagumma, de Pink Floyd, Made in Japan de Deep Purple y el Rock 'n' Roll Animal de Reed. Nunca más volví a verlo ni supe de los discos. Alguien me dijo que lo más seguro que los había vendido porque debía dinero a no se quien. Me dio igual.

Años después, una noche de verano, en Madrid, volviendo a casa tomé un taxi. Madrid tenía el mismo olor acre de todas las ciudades grandes, olor a asfalto y alcantarilla que entraba por la ventana del taxi. De la radio del taxi pude oír al locutor anunciar un tema de Lou Reed. Seguramente el mejor tema que había compuesto nunca, según mismo Reed, dijo el locutor: Coney Island Baby. Le pedí que subiera un poco el volumen. Un minuto después de terminar la canción llegamos a la puerta de casa. Subiendo las escaleras me acordé de mi vecino de Barcelona y sus paseos sobre el filo de la navaja, la enredadera, la farola de luz amarillenta y el chico de Coney Island. Al entrar en el salón miré entre los vinilos y allí estaba el de Guthrie, revisé los títulos y me sonreí al leer Last Train to Glorie. Se había salvado de la quema. Alguna noche volvería a escucharlo, pero no aquella noche.

Last train to glorie - Arlo Gutrhie

En la primera edición de Rock n Roll Animal de 1974 en España la censura eliminó el tema Heroine y en su lugar incluyeron Vicius, I can't stand it y Walk on the Wilde Side.

3 comentarios:

  1. Maravilloso relato !! Que el próximo no tarde mucho ...

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  2. Muchas gracias, es una satisfacción leer tu comentario, espero tener listo algo que valga la pena muy pronto.

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  3. Recuerdos me trae este relato de años vividos en Barcelona. Gracias por esta joya.

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