domingo, 21 de abril de 2013

Manuel Álvarez Bravo

Al entrar en la sala de exposiciones, para ver la obra de Manuel Álvarez Bravo, se nos revela el espíritu de México en blanco y negro o una de las ideas que tenemos sobre México. "Arraigada en la sensibilidad popular mexicana y al mismo tiempo orientada hacia una hacia una perspectiva moderna, la obra de Álvarez Bravo es un discurso poético propio, autónomo y coherente en sí mismo". Me trae a la memoria el comienzo de Pedro Páramo "Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo." A partir de ahí es un relato visual magistral, tan mágico y bello como real y cruel, "la fascinante y compleja fotografía de Álvarez Bravo responde a las profundas transformaciones iniciadas en México por la Revolución de 1910: el abandono progresivo de la vida rural y las costumbres tradicionales, el seguimiento de una cultura postrevolucionaria de influencia internacional y la adopción de una cultura moderna asociada a la vorágine de la urbe".

La hija de los danzantes 1933
Y tras la lectura del la introducción del catálogo, uno se va desplazando por la sala en puro silencio. Nunca he sentido tanto silencio como en este lugar donde los espectadores pasan frente a las obras sin comentarlas, donde permiten hacer fotografías. Anoto en mi cuaderno todas las impresiones que voy teniendo, y como un espectador más, lo que veo y lo que me sugieren las fotografías.

Comienza la exposición con los inicios en la búsqueda de fotografía "pura"  y la vida costumbrista: primero la técnica: Juego de papel, Tríptico de cemento-2; después la gente, las tiendas, los maniquíes que sonríen y las fachadas y oficinas, La parábola óptica. Son la antesala del duro espectáculo de la muerte.

Yacer¿Cuánta será la oscuridad? Los muertos, el cuerpo yacente, la adolescente, la doncella en descanso eterno entre la tierra escarbada, los ojos yermos sin mirada y el obrero asesinado que yace en un charco de sangre (imagen que utilizó André Breton para un artículo en la revista Minotaure), un canto a la muerte que antecede al amor y al cuerpo vivo. Entonces empieza La mirada, el ojo humano y tantas cosas sencillas que dan sabor a la existencia cotidiana, esos personajes que parecen anónimos pero que debieron ser algo más que simples modelos: el rostro serio, el cuello blanco y terso, la explosión de la vida que se desprende de los retratos de Doris, Colette y Olga Costa.

Sigo las explicaciones de los murales, en unas palabras condensan la esencia del grupo de fotografías. ¿Quién escribe esos textos? me pregunto siempre. Exponerse a "su cámara se convierte en un espejo ante el cual la persona se exhibe" y el cuerpo desnudo, rotundo, emerge en La buena fama durmiendo, La desvendadora, Las tentaciones en casa de Antonio, se ofrecen a la inquieta mirada del observador atento "las telas, los ropajes, las vendas,... un imaginario lleno de motivos en el que se produce una tensión entre lo que se muestra y lo que se oculta" entre penumbras y la luz vertical del mediodía.

Álvarez Blanco juega a cazar imágenes, es "un artista al acecho" en busca de planos largos y profundos, la pose robada, las siluetas que emergen de los claroscuros y las sombras, la paciencia, la soledad de la calle, el penitente y un niño andando que parece llorar, la imagen de Nazarín de Buñuel, el calor angustioso del desierto, el paseo en bicicleta, los enamorados bajo la luna falsa. Las imágenes pasan una tras otra a tanta velocidad que me detengo un rato para retomar de nuevo, casi desde el principio la muestra, antes de abordar la última sección.

Yacer, Caminar y Soñar,"para Álvarez el mundo visible es una ensoñación más: una imagen frágil, delicada y perecedera. La fotografía deviene poesía, sólo ésta capta lo mudable, lo intangible y lo incierto del paso del ser humano por la tierra". es la tierra salpicada de cruces, del espíritu de las personas, la muerte siempre presente, la subida al campanario, el día de gloria, el lago de aguas quietas, las trampas para cazar mosquitos, y el final. "Al igual que para Calderón de la Barca, para Álvarez Bravo la vida es sueño, poesía; sólo ésta capta lo mudable, lo intangible, lo incierto del paso del ser humano por la tierra."


 Manuel Álvarez Bravo (1902-2002), en la Fundación Mapfre de AZCA,  Avenida General Perón, 40. Madrid. Hasta el 19 de mayo de 2013

http://www.exposicionesmapfrearte.com/manuelalvarezbravo/visita_virtual/visita_virtual.html


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