jueves, 18 de abril de 2013

La clínica



La calle se abre recta y prácticamente sin sombras. A la izquierda el pinar de la Dehesa de la Villa en pendiente, y a la derecha la acera, estrecha, jalonada de chalecitos de principios del siglo pasado. Después de tres días de calor; los arrayanes y adelfas de los jardines languidecen. El último edifico, antes de llegar a la penúltima esquina, es una construcción de ladrillo rojizo, mampostería de piedra caliza parda, ventanas verdes y puerta alta de madera, también verde, a la que se llega por dos escalones de granito. Cuentan que antes había sido una fábrica de sombreros, pero casi nadie lo sabe, ahora es una clínica de planificación familiar, revisiones ginecológicas, y hacen abortos.


Del edificio sale una pareja joven de unos veinte años. Ella viste pantalón corto beige, con dobladillo y camiseta roja, tiene unas piernas bonitas, media melena morena. Él, pantalón tejano y una camisa-polo azul, moreno, peinado con una pequeña cresta engominada. Caminan delante de mí, despacio. Se paran en el paso de peatones muy juntos. Ella tiene una pequeña convulsión y se apoya en él hundiendo la cara en el cuello del chico. Se abraza a él con total desamparo. Paso a su lado y la oigo gemir. Llora. Cruzo la calle y los dejo atrás. 

En el último cruce sale otro chico joven, el pelo encrespado con rastas, tez morena, también de unos veinte años. Viste pantalón pirata y polo marrón. Le sigue una chica, pequeña, de la piel muy blanca, pelo moreno, camiseta de tirantes blanca y pantalón negro. En la mano tiene un papel amarillo, como un pósit grande con algo escrito, lo lee y me llaman al sobrepasarlos.

-         Perdone, señor –dice el chico- ¿la Clínica Isadora? 
-     La siguiente esquina -le digo indicando con la mano. 

Bajan la calle muy despacio. La otra pareja ha desaparecido, quizá hayan tomado la calle anterior que baja a la derecha. Una ráfaga de aire fresco barre el ambiente bochornoso de la mañana.



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