martes, 30 de abril de 2013

Hereros. Pastores Ancestrales de Angola


Hay pocas cosas que ya puedan sorprenderme, y una ha sido la exposición Hereros. Pastores Ancestrales de Angola en Conde Duque. Tiene una belleza tal que sobrecoje nada más adentrarte en la sala. Estaba avisado de que no podía hacer fotografías de las fotografías, aunque sí podía hacer panorámicas de la muestra, pero era difícil contenerse y decidirse por una u otra imagen, porque todas ellas traspasan en belleza y humanidad todo lo traspasable y humano que una imagen puede contener. Todas son del fotografo brasileño Sérgio Guerra que te mete directamente en el corazón del poblado, en su forma de entender la vida, el tiempo y de ver el mundo: "Mirada tan natural como la realidad de esta fotografía sin retoque, que no dice nada más que lo que dice: he aquí un pueblo con cuerpo y con alma, libre y bello como esculturas talladas en barro rojo, de mirada profunda..."

Pero si las fotografías son excepcionales, la historia que relata está cargada de humanidad pura y serena "que posee el propio hecho de sumergirse en la vida de estos hombres, mujeres y niños de pecho, amamantados a fuerza de afecto materno y del esfuerzo de ayudarles a hacerse adultos". Un pueblo que vive , trabaja, se relaciona, ama y lucha día a día en la naturaleza plena. La exposición está dividida en varios apartados que narran la vida de estas gentes y su entorno:

El ganado: "Nosotros nos dedicamos mucho al ganado. Es nuestro dinero. Es el dinero de nuestros antepasados. Hasta hoy no sabemos qué significa el dinero de los 'modernos'. No sabemos la importancia de ese dinero. Nosotros sabemos la importancia del ganado. El ganado es lo que tiene valor".  La higiene: "Desde pequeña hasta hoy nunca me he bañado en agua. Me froto esa parte con las manos hasta que la suciedad se va. Entonces preparo pintura roja y vuelvo a colocarla. Así me siento bien". La iniciación sexual: "El joven es iniciado sexualmente por una mujer mayor".  El casamiento: "El padre va a la aldea del primo a pedir una niña pequeña para su hijo. El padre de la niña mata un cordero y pasan el día comiendo. ... Si la mujer dice que no quiere casarse, no es culpa del muchacho, ambos eran pequeños cuando se celebró la boda". La poligamia: "La segunda esposa vino a contarme que nuestro marido había traído a la tercera mujer. Ella, la segunda esposa, estaba celosa y me preguntó cómo me sentía. Entonces le dije que tuviera paciencia, porque lo mismo me ocurrió a mí cuando llegó ella". El día a día de las mujeres: "En cuanto me despierto voy al corral y ordeño la leche. Después pongo la olla al fuego y hago el funge. Si no tengo harina, muelo el maiz con la piedra y lo preparo". Los ritos: "Se puede hacer la circuncisión a los siete meses de nacer, al año o a los 12 años o más, pero tiene que ser antes de los 18".

Esta es una pequeña muestra de la historia contada en fotografías excepcionales de tamaño natural  y un video que muestra a los personajes, su lucha por la vida desde el nacimiento y sus reivindicaciones: "No tenemos agua".

Lo que está al inicio en la exposición yo lo pongo al final: "Escuchamos a nuestros antepasados, los más viejos que ya se fueron. Para nosotros escuchar es muy importante. Es muy diferente de saber escribir, porque la letra en el papel no se borra, pero la palabra que se escucha, después se olvida".

Hasta el 12 de Mayo en Centro Cultural Conde Duque, en la calle Conde Duque de Madrid

viernes, 26 de abril de 2013

Hal Stone: Novela ilustrada


Estaba leyendo El ladrón que citaba a Kipling, de Lawrence Block. Me gustó tanto la cubierta, una fotografía en blanco y negro del anochecer desde un puente de Nueva York, con las Torres Gemelas al fondo, que le hice una copia y la imprimí para ponerla en una estantería de mi librería. Es muy atractiva, una fotografía de esas que recuerdan las primeras fotografías urbanas de Alvin Langdon Coburn, las luces reflejándose sobre el asfalto húmedo, los faros de los coches, las nubes del fondo...  me gustaba todo, me hacía volar. Todo tenía su explicación, cuando me hice lector compulsivo y desordenado una de las cosas que más me llamaba la atención era la cubierta de los libros.

Esta mañana parecía que estaba siguiendo una trama del personaje de Block, el astuto ladrón y librero Berni Rhodenbarr, pero la verdad es que estaba perdido por las calles del centro de Madrid, estaba totalmente desorientado, hasta que llegué a la calle Pelayo, donde a pesar de todo seguía perdido. La acera estaba húmeda, como si la acabasen de baldear, y el asfalto limpio. Es lo que tiene pasear por Chueca, la limpieza. Me entretuve mirando el escaparate de una tienda, no sé si de un anticuario o de una galería, donde había un enorme sillón de orejas de cuero marrón desgastado. Distraído seguí sin saber hacia dónde iba. Cambié de acera un par de veces. Llegué a la altura del número 47. Desde la acera de enfrente distinguí una galería de arte: Pelayo47. La galería tiene una especie de expositor en la entrada, donde dejan los tarjetones de la exposición: Novela ilustrada. Cogí uno y tras dudar un instante toqué el timbre. Casi de inmediato se abrió el resorte eléctrico del resbalón. Es un local pequeño. Frente a la puerta, sentada mirando la pantalla de un ordenador portátil, una mujer de mediana edad, atractiva.

- Buenos días - dije al entrar.
- Buenos días.
- ¿Puedo echar un vistazo?
- Si claro, tome -me dijo alargándome un tarjetón como el que había cogido en la entrada. Le dije que ya tenía uno y me puse a mirar los cuadros.

Las obras eran dibujos que ilustraban novelas en tinta negra y gouache amarillo. ¡Amarillo! Se podían ver las anotaciones, las marcas de lápiz, la firma, huellas de dedos... no cabía duda de que eran originales. Eran dibujos originales de Hal Stone que sirvieron para ilustrar novelas de escritores como Peter B. Kyne, Baynard Kendrich Elizabeth Cadell, Allan V. Elston o Agatha Christie, según pude leer en el tarjetón. A excepción a la última no conocía a ninguno. Los trabajos, que comprendían desde 1958 a 1972, me recordaban escenas de anuncios de los primeros televisores, personajes con sombrero, mujeres posando con aspiradoras o lavadoras, las películas de Bonanza, un vaquero sostiene un revolver en primer plano, a Eliot Ness y sus Intocables... Intenté recordar el nombre del policía corrupto amigo de Rhodenbarr pero me fue imposible. Al volver la vista hacia atrás comprobé que había dejado mis huellas sobre el suelo resplandeciente de tarima flotante. Estuve a punto de disculparme pero no lo hice.

- ¿Son todos originales?
- Por supuesto! -me dijo desde su mesa la señorita- Son todo originales. Sólo trabajamos con originales.

Lo pregunté para asegurarme y porque junto a la puerta de entrada estaban los precios, tres cifras bajas. Estuvimos charlando un rato aún, sobre las ediciones, la edad del autor que murió a los 92 años, lo difícil que está la vida y esas cosas sin importancia. Al salir me propuse averiguar la identidad de aquellos escritores, los sus personajes de sus historias y sobre todo saber algo más de Hal Stone. Esto último no lo conseguí.


Novela Ilustrada, de Hal Stone, en Galería Pelayo47, en la calle Pelayo, 47 de Madrid,

martes, 23 de abril de 2013

We Smoke?



Fumar acorta la vida. Eso dice en una cajetilla, vamos, está escrito en una cajetilla que he visto tirada en la calle, además causa adicción. Santi, José y Mario fuman. Lo ponen en su Factbook: “We Smoke”. 

Yo no smoke. Vamos, yo smokaba pero perdí un oído, o sea, que me lo quitó el cirujano, y me dijo:

-  Si tú sigues smoking te quitaré el otro

Dejé de fumar, vamos, de smoke. Engordé por no fumar, me lo comía todo y me subió la tensión, el azúcar y las transaminasas. 
Tienes el pácreas vago -me dijo el médico; luego añadió- Tú ya ne smoke pas. Se acabó.
 - Oui, yes, -contesté- Devuélvame mi oído
-  ¡He dicho que se acabó! -gruñó el médico con tono de mala leche y medio enfadado. 

Lo dejé, el tabaco claro, y él se quedó con mi oído. Ahora paseo, hago fotos y sólo oigo la mitad de las cosas. Sí, sí, el smoke es muy malo, así que ya no pienso en fumar más pas.



domingo, 21 de abril de 2013

Manuel Álvarez Bravo

Al entrar en la sala de exposiciones, para ver la obra de Manuel Álvarez Bravo, se nos revela el espíritu de México en blanco y negro o una de las ideas que tenemos sobre México. "Arraigada en la sensibilidad popular mexicana y al mismo tiempo orientada hacia una hacia una perspectiva moderna, la obra de Álvarez Bravo es un discurso poético propio, autónomo y coherente en sí mismo". Me trae a la memoria el comienzo de Pedro Páramo "Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo." A partir de ahí es un relato visual magistral, tan mágico y bello como real y cruel, "la fascinante y compleja fotografía de Álvarez Bravo responde a las profundas transformaciones iniciadas en México por la Revolución de 1910: el abandono progresivo de la vida rural y las costumbres tradicionales, el seguimiento de una cultura postrevolucionaria de influencia internacional y la adopción de una cultura moderna asociada a la vorágine de la urbe".

La hija de los danzantes 1933
Y tras la lectura del la introducción del catálogo, uno se va desplazando por la sala en puro silencio. Nunca he sentido tanto silencio como en este lugar donde los espectadores pasan frente a las obras sin comentarlas, donde permiten hacer fotografías. Anoto en mi cuaderno todas las impresiones que voy teniendo, y como un espectador más, lo que veo y lo que me sugieren las fotografías.

Comienza la exposición con los inicios en la búsqueda de fotografía "pura"  y la vida costumbrista: primero la técnica: Juego de papel, Tríptico de cemento-2; después la gente, las tiendas, los maniquíes que sonríen y las fachadas y oficinas, La parábola óptica. Son la antesala del duro espectáculo de la muerte.

Yacer¿Cuánta será la oscuridad? Los muertos, el cuerpo yacente, la adolescente, la doncella en descanso eterno entre la tierra escarbada, los ojos yermos sin mirada y el obrero asesinado que yace en un charco de sangre (imagen que utilizó André Breton para un artículo en la revista Minotaure), un canto a la muerte que antecede al amor y al cuerpo vivo. Entonces empieza La mirada, el ojo humano y tantas cosas sencillas que dan sabor a la existencia cotidiana, esos personajes que parecen anónimos pero que debieron ser algo más que simples modelos: el rostro serio, el cuello blanco y terso, la explosión de la vida que se desprende de los retratos de Doris, Colette y Olga Costa.

Sigo las explicaciones de los murales, en unas palabras condensan la esencia del grupo de fotografías. ¿Quién escribe esos textos? me pregunto siempre. Exponerse a "su cámara se convierte en un espejo ante el cual la persona se exhibe" y el cuerpo desnudo, rotundo, emerge en La buena fama durmiendo, La desvendadora, Las tentaciones en casa de Antonio, se ofrecen a la inquieta mirada del observador atento "las telas, los ropajes, las vendas,... un imaginario lleno de motivos en el que se produce una tensión entre lo que se muestra y lo que se oculta" entre penumbras y la luz vertical del mediodía.

Álvarez Blanco juega a cazar imágenes, es "un artista al acecho" en busca de planos largos y profundos, la pose robada, las siluetas que emergen de los claroscuros y las sombras, la paciencia, la soledad de la calle, el penitente y un niño andando que parece llorar, la imagen de Nazarín de Buñuel, el calor angustioso del desierto, el paseo en bicicleta, los enamorados bajo la luna falsa. Las imágenes pasan una tras otra a tanta velocidad que me detengo un rato para retomar de nuevo, casi desde el principio la muestra, antes de abordar la última sección.

Yacer, Caminar y Soñar,"para Álvarez el mundo visible es una ensoñación más: una imagen frágil, delicada y perecedera. La fotografía deviene poesía, sólo ésta capta lo mudable, lo intangible y lo incierto del paso del ser humano por la tierra". es la tierra salpicada de cruces, del espíritu de las personas, la muerte siempre presente, la subida al campanario, el día de gloria, el lago de aguas quietas, las trampas para cazar mosquitos, y el final. "Al igual que para Calderón de la Barca, para Álvarez Bravo la vida es sueño, poesía; sólo ésta capta lo mudable, lo intangible, lo incierto del paso del ser humano por la tierra."


 Manuel Álvarez Bravo (1902-2002), en la Fundación Mapfre de AZCA,  Avenida General Perón, 40. Madrid. Hasta el 19 de mayo de 2013

http://www.exposicionesmapfrearte.com/manuelalvarezbravo/visita_virtual/visita_virtual.html


jueves, 18 de abril de 2013

La clínica



La calle se abre recta y prácticamente sin sombras. A la izquierda el pinar de la Dehesa de la Villa en pendiente, y a la derecha la acera, estrecha, jalonada de chalecitos de principios del siglo pasado. Después de tres días de calor; los arrayanes y adelfas de los jardines languidecen. El último edifico, antes de llegar a la penúltima esquina, es una construcción de ladrillo rojizo, mampostería de piedra caliza parda, ventanas verdes y puerta alta de madera, también verde, a la que se llega por dos escalones de granito. Cuentan que antes había sido una fábrica de sombreros, pero casi nadie lo sabe, ahora es una clínica de planificación familiar, revisiones ginecológicas, y hacen abortos.


Del edificio sale una pareja joven de unos veinte años. Ella viste pantalón corto beige, con dobladillo y camiseta roja, tiene unas piernas bonitas, media melena morena. Él, pantalón tejano y una camisa-polo azul, moreno, peinado con una pequeña cresta engominada. Caminan delante de mí, despacio. Se paran en el paso de peatones muy juntos. Ella tiene una pequeña convulsión y se apoya en él hundiendo la cara en el cuello del chico. Se abraza a él con total desamparo. Paso a su lado y la oigo gemir. Llora. Cruzo la calle y los dejo atrás. 

En el último cruce sale otro chico joven, el pelo encrespado con rastas, tez morena, también de unos veinte años. Viste pantalón pirata y polo marrón. Le sigue una chica, pequeña, de la piel muy blanca, pelo moreno, camiseta de tirantes blanca y pantalón negro. En la mano tiene un papel amarillo, como un pósit grande con algo escrito, lo lee y me llaman al sobrepasarlos.

-         Perdone, señor –dice el chico- ¿la Clínica Isadora? 
-     La siguiente esquina -le digo indicando con la mano. 

Bajan la calle muy despacio. La otra pareja ha desaparecido, quizá hayan tomado la calle anterior que baja a la derecha. Una ráfaga de aire fresco barre el ambiente bochornoso de la mañana.



lunes, 15 de abril de 2013

La invención concreta: Colección Patricia Phels de Cisneros


Ir al Reina Sofía siempre es una delicia. Siempre existe la opción de acercarse para ver alguna de las exposiciones temporales, y si no me gustan siempre queda la opción de ver el resto, porque vale la pena todo, el edificio, la colección permanente y las temporales.

En la planta de abajo, después de cambiar de edificio, es un antiguo hospital y cuando uno va a un hospital casi siempre tiene que cambiar de edificio y caminar por interminables pasillos, pues en la planta baja entrando por Atocha, está la exposición La invención concreta. Colección Patricia Phels de Cisneros. Mejor no leerte el papel que hay en la entrada y métete directamente y navegar por las salas. Lo más interesante, que yo no lo hice, es la interacción de la exposición con el teléfono móvil, lo que es llamativo porque en muchos museos te piden que lo apagues.
                                                                                                                    
                                                                             Jesús Soto, Sin título, 1962

Según el catálogo "es una lectura exhaustiva e innovadora del desarrollo de la abstracción geométrica en Latinoamérica desde la década de los treinta hasta los años setenta del siglo pasado". La seña de identidad que los artistas de ciudades modernas, como Montevideo, Sao Paulo, Río de Janeiro, Buenos Aires y Caracas, adoptaron como lenguaje de futuro cosmopolita y progresista.

La muestra me pareció espectacular, con mucho colorido y con una técnica y manejo de materiales excelentes, tan sólo decir que hubo un momento en que tanto efecto visual, el exceso de Op Art me provocó un pequeño mareo que tuve que sentarme para recuperar un poco el sentido de la vista, un conato del maravilloso síndrome de Stendhal, pero casi.

                                                               Alejandro Otero, Ortogonal (Collage) 1951-1952

El sorprendente colorido, intercalado minuciosamente entre los materiales, formando continuos juegos visuales, no dejan nunca de asombrar al espectador: madera, metales, alambre, papel, texturas y geometrías a veces imposibles que juegan con la luz, que provocan sombras e invaden el espacio con efectos luminosos que provocan, si no el síndrome de la contemplación y la saturación de la belleza, sí el agotamiento psíquico por el proceso intelectual de desentrañar tantas y variadas composiciones.

Para el espectador, lo mejor es ir descubriendo las obras y leer atentamente los paneles explicativos, sobre todo porque los artistas que integran este movimiento Op Art son sumamente teóricos, tratan sobre las obras y el efecto que éstas tienen en la sociedad, escribían manifiestos y artículos donde exponían la implicación del lenguaje artístico en el mundo que les ha tocado vivir. Claro que esto resulta, en ocasiones, totalmente disuasorio por la extensión de un lenguaje excesivamente técnico, pero también es cierto que si se cuidan estos detalles, dando una explicación sencilla de la obra y su intención, hacen la visita mucho más amena y enriquecedora, aunque, ya de por sí, explicar la abstracción es complejo y ara el espectador toda una epopeya entenderlo y comprenderlo se convierte en un ejercicio intelectual al que es difícil sustraerse.

                                                                                 Lygia Clark, Composiçao, 1953

Lo que realmente me pareció innovador es el uso de las nuevas tecnología y las redes sociales integradas en la exposición; según consta en el catálogo, "se crearon a propósito de la exposición que incluye un programa multimedia diseñado especialmente para la ocasión, que incluye experiencias interactivas en las salas, aplicaciones para dispositivos móviles y su propia página web: www.lainvenciónconcreta.org".


La exposición, es muy atractiva, sobre todo por la oportunidad de ver una de las colecciones más importantes y completas de arte contemporáneo que existen en la actualidad. En definitiva una muestra que vale la pena visitar y una oportunidad única de conocer artistas como Lygia Clark, Alejandro Otero, Jesús Soto o del nonagenario Carlos Cruz Díez, que se prodigan poco a este lado del Atlántico.

La invención concreta: Colección Patricia Phels de Cisneros, en el Museo Reina Sofía de Madrid, hasta el 16 de septiembre de 2013.

viernes, 12 de abril de 2013

TAKI 183

TAKI 183

Al salir del metro me encuentro con un graffiti sencillo. Es sólo un tag, la firma o apodo del graffitero. Está en un sitio solitario, destaca sobre una pared limpia y reluciente, de marmolina de color pardo. Lleva allí bastante tiempo y ya forma parte del paisaje. Los escritores, como se denomina a los grafiteros, estampan esta firma con un marcador, e intentan rellenar sistemática y concienzudamente todos los rincones posibles con ella, es lo que llaman bombardeo. Este guarreado, como dicen mis vecinos, tiene una historia, es inicio de la historia del graffiti.

Zota 27  (Madrid 2011)  (Foto: Paco Lorca)

El 21 de julio de 1971 el New York Times, publica una entrevista en la primera página de su sección interior a un chico que había saltado a la fama de forma totalmente anónima y sin buscarla. Allí contaba su historia y todo su mérito consistía en algo inaudito, en haber puesto su apodo en vagones, andenes y paredes por donde se movía a diario; era Taki 183.

La historia comienza a finales de los 60. Es la historia de los chicos de Nueva York, grupos de adolescentes que marcaban su territorio escribiendo sus nombres en las paredes de su barrio. Así creaban su entidad propia, la de la calle donde vivían y definían su grupo, escribían para sus amigos y para sus enemigos, señalaban sus límites. La firma era un pseudónimo, su tag, y era la forma que tenían de expresar su personalidad y, más adelante, su estilo. Entre ellos estaba Taki 183, un chico de origen griego que con 17 años comenzó a firmar con este apodo. Su nombre verdadero era Demetrius y utilizó la abreviatura de su nombre del disminutivo, Demetaki, de donde tomó Taki; el número 183 lo toma de la calle donde vivía. Era usual que algunos escritores, utilizasen en aquella época el nombre de su calle para incorporarlo al tag, en el caso de Taki la calle 183 en Washington Heights, de Manhattan, NY. Así completó su firma, Taki 183
Demetrius trabajaba de mensajero y comenzó a llenar con su apodo todos los sitios por los que pasaba durante su trabajo, viajando de un lado a otro de la ciudad, en el metro, en los vagones, en los andenes, en las calles, llegando a alcanzar bastante popularidad en toda la ciudad. Por otro lado, él consideraba que no estaba haciendo nada malo; de hecho, en la entrevista aseguraba que “simplemente es algo que tengo que hacer. Trabajo, pago mis impuestos y no hago daño a nadie”.

Taki 183 (Foto: Idea Axiona en Fotolog.com)

A raíz de la entrevista se tomó a Taki 183 como una especie de héroe o un icono y empezó a ser imitado por cientos de chicos. Hay que tener en cuenta que Taki 183 no era el primer graffitero, ya lo había hecho antes Julio 204, otro chico de Nueva York, y aunque lo realizara con anterioridad nunca firmó fuera de su barrio y eso limitó su obra a un ámbito más restringido. Luego vendría el primer tag con estética, el de Lee 163, y poco después la primera firma gráfica de Top Cat 126, que nos introducirá en el Wild Style. Pero estas son ya otras historias.

¿Qué fue de Taki 183? En otra entrevista, esta vez en el New York Daily News del 9 de abril de 1986, relata que en cuanto encontró algo más productivo abandonó el graffiti, entró en una empresa, se compro una casa y tuvo su hijo. En definitiva una persona normal.

Bibliografía:
Para este post me he ayudado con la lectura del blog de Idea Axioma http://www.fotolog.com/idea_axioma/27873242/
Una historia muy completa del graffiti la podéis encontrar en http://www.valladolidwebmusical.org/graffiti/historia/04historia1.html
Y para profundizar tanto en la historia como el los estilos os recomiendo http://www.subwayoutlaws.com/history/history.htm

sábado, 6 de abril de 2013

Diálogo de perros


Pared del Instituto La Paloma junto al parque de la Dehesa de la Villa. Un grupo de vecinos charla sentados en un banco a la sombra del cedral. Entre las piernas del grupo se enredan las correas de varios perros que juegan a perseguirse. Uno de los dueños acaricia a un pastor alemán, un perro lustroso que tiene atado un pañuelo rojo al cuello. Vuelvo sobre mis pasos. 

- Perdonen –me miran todos a la vez- Perdonen que sea indiscreto, pero me preguntaba, por qué lleva el perro puesto el pañuelo rojo.

- Bueno, -responde el dueño, un hombre joven y alto, de unos cuarenta años- Pues se lo vi a un amigo que se lo había puesto a su perro, uno parecido, un pañuelo de esos rojos y blancos como el que llevan los hippies (imagine que se refería a un kuffiyah o  palestino). Este era aún un cachorro, no tendría un año cuando se lo puse. Ahora no puede salir sin él, es como su seña de identidad.

Le sonrío y me contesta con otra sonrisa cuando le digo que ya he visto a otros perros con un pañuelo similar. 

- En el barrio sólo está él. No hay otro. Fíjate -añade quitándole el pañuelo al perro por la cabeza. El animal, después de estar un rato quieto, se acerca al dueño y busca con el hocico que vuelva a colocarle el pañuelo. El resto de acompañantes asienten satisfechos de la breve demostración.

-¡Ves!, se siente como desnudo sin el pañuelo -me dice poniéndole en pañuelo otra vez al perro. 

- Es como si fuese a los Sanfermines ¡Es un perro navarro! - añade un acompañante y todo el grupo ríe con una carcajada la ocurrencia.

- Eso -dice- igual..., más o menos -y suelta otra risotada-. ¡Vamos Goku! -le dice al perro.

 Me despido y los dejo a cada cual acariciando a su perro. A la derecha del banco, en la pared de ladrillo rojo desgastado, hay un graffiti, también rojo, que pone: Gato.